jueves, 19 de mayo de 2016

Informe de avance sobre la actividad sísmica y eruptiva del volcán Turrialba (Costa Rica): mayo de 2016

Informe de avance sobre la actividad sísmica y eruptiva del volcán Turrialba (Costa Rica): mayo de 2016

Elaborado por: Dr. Mauricio M. Mora F.

Luego de la actividad eruptiva registrada entre el 30 de abril y el 8 de mayo del 2016 la actividad sísmica se mantuvo a un nivel alto, caracterizado por eventos: de baja frecuencia (LP’s), eventos de muy baja frecuencia (VLP’s) y volcano-tectónicos (generados por ruptura frágil) muy superficiales (Figura 1). 

Figura 1. Nivel de actividad sísmica con base en el promedio cuadrático de la amplitud sísmica (RSEM) calculado con una ventana móvil de 10 minutos, para el periodo entre el 25 de abril y el 18 de mayo de 2016. Registros de la estación CVTR de la Red Sismológica Nacional (RSN: UCR-ICE).

En este contexto, ocurre la erupción del 12 de mayo de 2016 a la 01:19 a.m. la cual generó una columna eruptiva de al menos unos 3 km de altura y proyectó bloques hasta unos 400 a 500 m de distancia del cráter activo según reportes del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (OVSICORI-UNA). Asimismo, generó una corriente de densidad piroclástica que alcanzó casi 500 metros de distancia, en dirección este, hacia el cráter Central y Este. La señal sísmica asociada con esta erupción inició a las 01:18:01 a.m. con un evento tipo LP (largo periodo) seguido de un tremor de baja amplitud (Figura 2).


Figura 2. Erupción del 12 de mayo de 2016 a las 01:19 en el volcán Turrialba. A) Forma de onda (estación CVTR).     B) Espectrograma de frecuencias con base en el método de Yule Walker elaborado con una ventana móvil de 2,56 s y un traslape de 1,28 s. C) Forma de onda filtrada en la banda de 10 a 120 s, la numeración corresponde con las imágenes térmicas mostradas en D. D) Imágenes térmicas no corregidas obtenidas con una cámara FLIR A320 de la Red Sismológica Nacional (RSN: UCR-ICE) ubicada en la cima del volcán Turrialba. La elipse en la primera imagen resalta la pluma eruptiva que viene en ascenso. Las figuras de la señal sísmica fueron elaboradas con el programa de Lesage (2009.

La pluma de ceniza se empieza a observar por encima del borde del cráter activo a las 01:19:11 a.m., lo cual coincide con el primer aumento de amplitud de la señal y el final de un pequeño pulso de muy baja frecuencia (Figura 2D1 y 2D2). Un segundo aumento de la amplitud de la señal ocurre a las 01:19:51 al mismo tiempo que se registra un pulso a muy baja frecuencia de gran amplitud (Figura 2D3). El tercer pulso ocurre a las 01:20:43 marcado por una señal a muy baja frecuencia y el aumento de la amplitud del tremor (Figura 2D4 y 2D5), lo cual corresponde con el inicio del intervalo de mayor explosividad y mayor proyección de balísticos, que se extenderá hasta las 01:21:34, cuando se alcanza el clímax de la erupción e inicia el colapso de la columna eruptiva que generará la corriente de densidad piroclástica (Figura 2D6). 

La energía sísmica de este evento fue muy superior a las calculadas para las erupciones ocurridas durante el 2015 pero menor a la explosión ocurrida el 31 de octubre de 2014 (Figura 3).

Figura 3. Energía sísmica de las erupciones registradas en el volcán Turrialba durante el 2015 y 2016. Para el ciclo eruptivo de octubre 2015 se incluyen las más significativas. Para el ciclo eruptivo del 25 de abril a mayo 2016 sólo se incluye la del día 12 de mayo a las 01:19 a.m.

Posterior a la erupción del 12 de mayo de 2016, el nivel de actividad sísmica se mantuvo a un nivel similar al registrado antes de dicha erupción, con algunos picos de tremor como el ocurrido entre el 16 a mediodía y hasta las 09:00 del 17 de mayo, durante el cual se mantuvieron emanaciones de ceniza frecuentes (Figura 1). El 17 de mayo, a partir de las 18:00 horas se registró un incremento en la amplitud y número de eventos VLP’s y alrededor de las 23:00 horas del mismo día le siguó un aumento en la amplitud del tremor volcánico con una banda de frecuencia de 2 a 10 Hz. A las 10:20 horas del 18 de mayo empiezan a ocurrir emanaciones intermitentes de ceniza, acompañados por sismos de doble fase. A partir de las 11:04 a.m. inicia la erupción sostenida, con pulsos iniciales no explosivos pero si energéticos. Alrededor de las 11:48 hubo una primera intensificación de la actividad (Figura 4).

Figura 4. Imágenes de la erupción del 18 de mayo de 2016 que inició a las 11:04 a.m. en el volcán Turrialba. A la izquierda se muestran las imágenes visuales y a la derecha las imágenes (no corregidas) simultáneas de la cámara FLIR A320. Ambas cámaras de la Red Sismológica Nacional (RSN: UCR-ICE) ubicadas en la cima del volcán Turrialba.

A las 12:56 se generó una pequeña explosión que proyectó balísticos cerca del borde este del cráter activo y mantuvo un chorro vertical por una decena de segundos (Figura 5). 


Figura 5. Secuencia de imágenes térmicas (no corregidas) de una de las fases de mayor energía de la erupción del 18 de mayo de 2016. Esta fase ocurrió a las 12:56 p.m. Nótese el chorro vertical en las imágenes 2 y 3 así como los bloques depositados en el borde del cráter que se observan en la imagen número 4.

La erupción se mantuvo de forma sostenida hasta las 14:30 horas cuando la amplitud del tremor disminuyó así como el volumen de descarga de ceniza. El tremor que acompañó la erupción inició como como un tremor espasmódico con una banda de 2 a 10 Hz, el cual fue evolucionando hacia una frecuencia dominante a 2,4 Hz. Al final de la erupción se registraron varios episodios de tremor armónico con una frecuencia fundamental de 0,7 Hz no estacionaria (Figura 6). 

Figura 6. Segmento de la señal sísmica (a partir de las 18:01 hasta las 15:30) de la erupción del 18 de mayo de 2016 a las 11:04 a.m. en el volcán Turrialba. A) Forma de onda (estación CVTR). B) Espectrograma de frecuencias con base en el método de Yule Walker elaborado con una ventana móvil de 2,56 s y un traslape de 1,28 s. C) Forma de onda filtrada en la banda de 10 a 120 s. La figura fue elaborada con el programa de Lesage (2009).

Conclusiones generales:

La condición actual del volcán Turrialba es totalmente normal y propia de un volcán que, en estos últimos 17 años pasó de una condición de reposo a una condición activa y, en consecuencia, ha implicado la apertura de conductos y pasos por los cuales el magma ha podido ascender paulatinamente hasta profundidades muy someras (< 1 km) y en las que cuando entra en contacto con el sistema hidrotermal o bien se da la acumulación de gases magmáticos, se genera la actividad eruptiva. En cada ciclo eruptivo el volcán evoluciona, cambia su condición interna hacia la de un sistema cada vez más abierto, por lo que los pequeños cuerpos de magma pueden subir más fácilmente y, en consecuencia, le permite al volcán entrar también más fácilmente en erupción. Por lo anterior, los escenarios esperables son:

1. Que el volcán Turrialba continué evolucionando hacia una condición totalmente abierta en donde pueda alcanzar el escenario esperable similar al de la última erupción histórica en el siglo XIX, durante la cual generó erupciones mayores (columnas eruptivas de hasta 5 km) y más voluminosas comparadas con las que se han observado hasta el momento. Si se dirige a este escenario, las áreas afectables esperadas más severamente estarían en 2 km a la redonda, y particularmente hacia el oeste, según los escenarios de Soto (2012).

2. Que continúe su actividad en ciclos eruptivos hasta que de nuevo entre en reposo sin que necesariamente llegue a una erupción mayor.

Ninguno de los dos escenarios se puede pronosticar, por lo tanto la auscultación constante, el avance en la investigación y la mejora de los sistemas de monitoreo son fundamentales para entender la dinámica del volcán Turrialba.

Durante la primera etapa del presente ciclo eruptivo (Figura 1) la afectación se concentró en el flanco sur del volcán Turrialba, debido a la dirección predominante de los vientos desde el norte que prevaleció durante esos días. Esta afectación si bien no es frecuente y obedeció a condiciones climáticas particulares, no es ajena a los estudios de amenaza volcánica del Turrialba y, por lo tanto, era un escenario previsto según los mapas de peligro volcánico elaborados por Soto (2012). Las condiciones de viento posteriores retomaron el rumbo habitual y dominante hacia el Suroeste con alguna variabilidad hacia el Oeste e incluso al Noroeste. Esta condición generó, aunado a la altura de la columna y energía, el fuerte impacto en el Valle Central de la erupción del 12 de mayo de 2016. Durante la erupción del 18 de mayo las condiciones de viento prevalecientes hacia el Oeste y Suroeste aunado a la baja energía de la erupción propiciaron una importante descarga de ceniza hacia el sector de La Picada y La Silvia, así como en La Central.

Referencias

Lesage, P. (2009). An interactive MATLAB software for the analysis of seismic volcanic signals. Computers and Geosciences, 35 (10), 2137-2144.

Soto G.J. (2012). Preparación de mapas de peligros volcánicos y restricción de uso de la tierra en el volcán Turrialba. Informe final. FUNDEVI. San José, Costa Rica. (p. 186).

Agradecimientos

Se agradece al Geól. Gerardo J. Soto las sugerencias, comentarios y discusiones que, de forma desinteresada, ha compartido y aportado sobre este, y anteriores informes así, como de la actividad eruptiva. De igual manera, se agradece las discusiones y numerosos intercambios de información y experiencias con el Dr. Javier Fco. Pacheco, Dra. María Martínez, Dr. Cyril Müller, Dr. Geoffroy Avard, y Dr. Marteen de Moor del OVSICORI-UNA. Estas discusiones han propiciado un crecimiento científico importante. Sin duda alguna, el aporte del Ing. Luis Fernando Brenes, Jean Paul Calvo y el Geól. Wilfredo Rojas Q. para el mantenimiento de la instrumentación, adquisición de datos y conectividad es fundamental, así como el trabajo de la Geol. María Cristina Araya en el mantenimiento de los sistemas de adquisición de la RSN. Este trabajo está soportado por los proyectos de investigación: “Patrones sísmicos: una ventana a la compresión de la dinámica interna de los volcanes activos de Costa Rica” (N°113-B4-082) y “Geofísica y geodinámica interna del arco volcánico en Costa Rica” (N° 113-B5-A00), inscritos en la Vicerrectoría de Investigación de la Universidad de Costa Rica. El mantenimiento de la red sísmica a nivel nacional, de la cual las estaciones volcánicas son parte también, es soportado por el proyecto “Vigilancia sísmica de Costa Rica” (N°113-B5-704) también de la Universidad de Costa Rica. 

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jueves, 12 de mayo de 2016

¿Que hacer en caso de caída de ceniza?

¿QUE HACER EN CASO DE CAÍDA DE CENIZA? 

La Comisión Nacional de Emergencia (CNE), la Red Sismológica Nacional (RSN-ICE) y el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (OVSICORI) han preparado un documento informativo de que hacer en caso de caída de ceniza. Siéntase en libertad de distribuirlo libremente. 


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sábado, 8 de noviembre de 2014

ACTIVIDAD ERUPTIVA DEL VOLCÁN TURRIALBA DEL 28 DE OCTUBRE AL 3 DE NOVIEMBRE DE 2014

INFORME DE CAMPO: ACTIVIDAD ERUPTIVA DEL VOLCÁN TURRIALBA DEL 28 DE OCTUBRE AL 3 DE NOVIEMBRE DE 2014.

Gino González, Raúl Mora-Amador, Carlos Ramírez Umaña &
Yemerith Alpízar Segura.
Inicio de erupciones freáticas

En las últimas dos décadas, las fumarolas del volcán Turrialba se han mantenido a una temperatura de ~90 °C. En junio del 2005, la actividad fumarólica y la temperatura aumentaron considerablemente, provocando la muerte de vegetación en la ladera Oeste del volcán y en los años siguientes, se mantuvo una tendencia al aumento en la actividad (Mora et al., 2004; Vaselli et al., 2009; Hilton et al., 2010; González et al., 2014).

El 5 de enero del 2010, luego de 143 años sin tener algún tipo de actividad eruptiva, el volcán Turrialba inicia un periodo de erupciones freáticas, la cual genera una boca intracratérica, que se le llama Boquete 1-2010. La ceniza llegó hasta Aserrí, a ~40 km de distancia del volcán, cubriendo un área aproximada de 500 km2 (Soto et al., 2010; González et al., 2014).

El 11 de enero del 2012, se observó un extraordinario flujo de azufre activo tipo pāhoehoe, previo a la erupción freática del 12 de enero, que tuvo lugar en la pared externa E del cráterSW, formando otra boca que se le llama Boquete 1-2012. El 21 de mayo del 2013, el volcán Turrialba vuelve a generar una erupción freática, con salida en ambos boquetes, lo que demuestra un origen común de presión y a su vez conexión de las fisuras del volcán (fig. 1).

Fig. 1 Salida de ceniza generada por la erupción del 21 de mayo del 2013. Fotografía de Marvin Picado.


Crónica de trabajo

El miércoles 29 de octubre del 2014, vulcanólogos de la Red Sismológica Nacional realizaron una visita rutinaria a la cima del volcán Turrialba, se realizaron mediciones en el boquete del 2010 y del 2012. En este último se logró medir hasta 725 °C (un incremento de 200 °C, según nuestras últimas mediciones de los meses anteriores). El boquete del 2010 registró temperaturas alrededor de los 500 °C.

Además, en dicha visita se pudo comprobar una fuerte actividad exhalativa acompañada de salida de polvo de ceniza y aerosoles oscuros del Boquete 1-2012. Posteriormente, en el Laboratorio de Sismología de la Escuela Centroamericana de Geología, se constató la presencia de un tremor en los sismogramas de la estación Volcán Turrialba. Al notar estos cambios tan importantes se tomó la decisión de regresar al día siguiente. Se informó a la Comisión Nacional de Emergencias vía correo electrónico sobre el cambio en la actividad. A eso de las 11:40 p.m., medios de la prensa se comunican con nuestros vulcanólogos, y relatan que se había escuchado una explosión muy grande en la cima del volcán. Las familias de la zona al escuchar los retumbos y observar caída de ceniza, además de un resplandor rojo en la cima, deciden bajar a pueblos más alejados del volcán.

El equipo de la Red Sismológica Nacional llegó a la localidad de La Central a eso de la 1:30 a.m. del jueves. Se pudo constatar la intensa caída de ceniza en el sitio, que obligó a utilizar las escobillas del vehículo, además, de molestias en los ojos. Luego de observar la señal sísmica y recibir información de primera mano del sismólogo volcánico Dr. Mauricio Mora, se tomó la decisión de subir al cráter activo. A las 4 a.m. se ingresa al mirador del volcán Turrialba y se iniciaron las mediciones con las cámaras térmicas. Esta labor se vio suspendida por una fuerte explosión en el cráter Suroeste. Esta explosión se relaciona con una típica explosión estromboliana.  Se percibió inicialmente un fuerte sonido de explosión y se observó poco a poco como se levantaba una columna de rocas incandescentes al rojo vivo, que se golpeaban entre sí y caían dentro y cerca del cráter. A los pocos segundos, aumentó el tamaño de la columna de material incandescente, hasta unos 150 metros, al igual que el sonido del choque de las rocas. En ese momento comenzaron a volar estas rocas al cráter Central de manera dirigida e inclusive algunas de ellas, fueron expulsadas con dirección hacia el mirador. Esta actividad tan intensa nos obligó a bajar inmediatamente a La Central. Esta actividad la pudimos grabar con la cámara térmica FLIR T440 (fig. 2).

Fig. 2. Secuencia fotográfica térmicas de las 4:00 a.m. Se puede apreciar el momento de la explosión, la proyección balística y la posterior caída de bombas en el interior del cráter activo y cerca del cráter Central. Se logró realizar mediciones cerca de los 900°C.

Horas después se realizó un nuevo ascenso en horas de la mañana. En esta nueva inspección se pudo comprobar que la pared interna del cráter activo, en donde se ubica el pequeño cráter del 2012, había desaparecido en un 50%. Además, se escucharon fuertes explosiones y salida de ceniza desde el interior del cráter activo (Fig. 3).

Fig. 3. Un antes y un después del cráter activo del volcán Turrialba. Fotografías por Yemerith Alpizar y Raúl Mora-Amador.

No observamos ninguna otra actividad similar a la de las 4:00 a.m. durante ese día. Sin embargo, consideramos que esos procesos se han dado repetidas veces en los últimos días en el cráter activo, especialmente en la primera noche cuando los pobladores mencionaron en repetidas veces ver “fuego” o “llamas” en la cima.

Hipótesis de lo observado

La etapa inicialmente es una actividad de desgasificación de los Boquetes 2010 y 2012, la cual se mantuvo por varios meses, con aporte de gases de origen magmáticos-hidrotermales (fig. 4a). Ocurre un incremento de presión, posiblemente por los gases magmáticos que llegan a romper el techo de la cámara magmática, también llamado carapacho o caparazón. Se da el ascenso del magma por descompresión del sistema, el cual posee una actividad eruptiva freática inicial, acompañado por pequeñas cantidades de magma. Dicha explosión hace que una de las paredes del cráter colapse y se destruya en gran parte, enviando gran material al sector Noreste, junto con bloques y algunas bombas (fig. 4b).

La posible explosión estromboliana, se da por un nuevo ascenso del magma desgasificado que se levanta cientos de metros, con explosiones internas de las rocas, que se desintegran entre sí y conforme aumenta la tasa de magma, la columna de material aumenta y comienza a enviar bombas de manera dirigida hasta los bordes del cráter Central. Asimismo, hay aporte de bloques de las paredes y el conducto, que llegan hasta el fondo del cráter Central (fig.4c).

Fig. 4. Esquemas de las etapas eruptivas observadas a) Estado previo a la erupción del 29 de oct. 2014 b) Erupción de las 11:40 p.m. que destruye el 50% de la pared interna del cráter activo. c) Erupción estromboliana de las 4:00 a.m. del 30 de oct. 2014.

¿Magma?

Nuestro modelo de la explosión se resume en la figura 4. Estamos seguros que la explosión se dio en el interior del cráter activo generando que el material expelido, golpeara la pared interna del cráter activo y la destruyera en un 50%. Es posible que esta erupción inicial haya sido una erupción freática, con algún pequeño porcentaje de magma. Desde hace más de 8 años conocemos que la pared en cuestión se encuentra completamente hidrotermalizada y débil. Posteriormente a esta actividad, se han dado repetidas explosiones en el interior del cráter activo, entre esas la que apreciamos el 30 de octubre del 2014 a las 4 a.m. de tipo estromboliano.

El material que salió de la pared interna del cráter colapsado, está compuesto por arcillas muy finas, bloques muy alterados y corresponden con depósitos de tefras de erupciones antiguas. Es por esta razón que la mayoría de los materiales que se toman en el campo, corresponde con material no juvenil. El material fundido que observamos en la madrugada del 30 de octubre, en su mayoría rocas de varios metros, cayeron y se ubicaron dentro del cráter activo y algunos otros entre el cráter activo y el cráter Central.

Estos materiales actualmente se encuentran tapados por la ceniza que ha continuado cayendo sin cesar. En inspección de campo, se intentó recuperar este material pero ha sido imposible por lo difícil del acceso y además por el nivel de peligrosidad que se mantiene en este momento.

El viernes 31 de octubre alrededor de las 3:00 p.m. el geólogo Julio Madrigal de la Comisión Nacional de Emergencias graba un video del cráter activo donde se aprecia claramente el colapso de una columna eruptiva que luego genera un pequeño flujo que cae en su mayoría dentro del cráter activo y una pequeña parte se desplaza por la ladera externa (fig. 5).

Fig. 5. Secuencia fotográfica del colapso de la columna eruptiva y posterior formación de un flujo.

El sábado 1 de octubre del 2014, se visitó el cráter activo ya que se registraron en las estaciones sísmicas una serie de posibles explosiones entre la noche del viernes y las 5:15 a.m. del sábado. Se constató una nueva erupción, que en este caso fue dirigida hacia el sector Este y Sur dentro del volcán, con distancias máximas de 700 m y cubriendo un área aproximada de 93 000 m2, en un 80% con impactos. Los bloques expulsados de mayor tamaño fueron de hasta 1, 5 m de diámetro y al momento de caer al suelo, formaron cráteres de impacto, algunos de hasta 0,5 metros de profundidad (fig. 6).

Fig. 6. Impactos de bloques decimétricos y sus cráteres de hasta 0,5 metros de profundidad.

Caída de ceniza

Se han tenido reportes en diferentes provincias del país con caída de ceniza. En las partes de la cima del volcán, hay espesores máximos de 2,5 metros y una media de 25 cm. En las zonas periféricas como La Picada y La Silvia, hay espesores de hasta 30 cm. En La Central los espesores eran menores a los 5 cm. Debido a la dirección preferencial de los vientos, la cual es hacia el Oeste y Suroeste, algunos poblados de los cantones de Oreamuno y Alvarado se han visto afectados, principalmente la parte agrícola y ganadera. Asimismo, por esta dirección de los vientos, ha podido caer ceniza en Coronado, Montes de Oca, Curridabat, Heredia, Alajuela e inclusive Puriscal.Con base en distintos reportes, calculamos un área de cobertura de unos 1 000 km2. Para modo de comparación, el área cubierta por la erupción de 1864-1866 y de 2010 fue de 3400 km2 y 500 km2 respectivamente (González et al. 2014; fig. 7).

Fig. 7. Mapa comparativo de reportes de caída de ceniza de las erupciones de 1864-1866, 2010 y octubre del 2014.


Conclusiones

1) El 29 de octubre del 2014 en visita de rutina se constató en el campo un aumento en la actividad del volcán Turrialba: aumento de temperatura, liberación de polvo de ceniza y aerosoles en el boquete del 2012. Todo acompañado con una señal sísmica de tremor.

2) El 29 de octubre del 2014 a las 11:40 p.m., con una fuerte explosión que logró desaparecer el 50% de la pared interna del cráter activo se inicia la actividad eruptiva más importante del volcán Turrialba desde hace 148 años.

3) El material que se liberó de la destrucción de esa pared, corresponde en su mayoría a ceniza y polvo de ceniza, hidrotermalizada que no es material juvenil. La gran mayoría de material, expelido hasta el momento por el volcán corresponde con material antiguo.

4) El jueves a las 4 a.m. se presenció una erupción tipo estromboliano, con salida de material incandescente. Dicho material se encuentra en su mayoría dentro del cráter activo y entre lo que queda de la pared interna del cráter activo y el cráter central.

5) El material que se observó salir en dicha explosión no ha podido ser recuperado debido a las condiciones que se encuentra el volcán. La recuperación de dichas muestras debe ser prioridad en cuanto las condiciones sean más seguras. Algunas rocas observadas a distancia.

6) Posteriormente se han observado eventos no freáticos relacionados con colapsos de columnas eruptivas que luego generan pequeños flujos dentro del cráter activo y cerca del cráter central.

7) La Red Sismológica Nacional intensificará la vigilancia volcánica y sus incursiones a la zona del volcán Turrialba.

Referencias

GONZÁLEZ, G., MORA-AMADOR, R., RAMÍREZ, C., ROUWET, D., PICADO, C. & MORA, R. 2014: Actividad histórica y evaluación de la amenaza del volcán Turrialba, Costa Rica.- Rev. Geol. Amér. Central (en prensa).

HILTON, D., RAMIREZ, C., MORA-AMADOR, R., FISHER, T., FÜRI, E., BARRY, P. & SHAW, A., 2010: Monitoring of temporal and spatial variations in fumarole helium and carbon dioxide characteristics at Poás and Turrialba volcanoes, Costa Rica (2001-2009).- Geoch. Jour. 44: 431-440.


LA GACETA, 9 de octubre 1864, #287: El volcán de Turrialba y sus cenizas 

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domingo, 10 de agosto de 2014

LAS ERUPCIONES DEL VOLCÁN POAS 1905-1910

LAS ERUPCIONES DEL VOLCÁN POAS 1905-1910
Por J. Rudín, Anastasio Alfaro, Gustavo Michaud y A. Rudín

Periódico El día, N° 1258, 26 de enero de 1905 y otras fuentes desconocidas de 1910


EL POÁS EN ACTIVIDAD

Contra la opinión de la mayoría de las gentes que tienen de creencia de que este volcán está apagado, podemos hoy asegurar todo lo contrario.

En la excursión científica a esta montaña, efectuada por don Fidel Tristán hijo y algunos otros profesores del Liceo de Costa Rica, se ha llegado al convencimiento de que el Poás está en completa actividad, pues ha arrojado grandes cantidades de cenizas y altísimas columnas de vapor, que se han observado desde esta capital (San José) por don Pedro Nolasco Gutiérrez.

Quiera él que todo lo puede, entregar esta montaña en brazos de Morfeo para “sécula seculorum”.


GRAN ERUPCIÓN DEL CENIZA DEL VOLCÁN POÁS, 25 DE ENERO, 4:55 p.m.

El día 25 de enero, poco antes de las cinco de la tarde, se vio desde San José una inmensa columna, al parecer de humo, pero que en realidad era agua mezclada con cenizas, la cual se elevó sobre la cima del volcán Poás, a una altura que hemos podido estimar en 4000 metros, y que luego, por la evaporación, se fue ensanchando hacia los lados y hacia arriba hasta la prodigiosa altura de 8000 metros próximamente. La ciudad de San José se llenó de gente en las calles para observar el espectáculo hasta entonces nunca visto de tal magnitud. La columna en un principio apareció de color oscuro intenso, y luego, por la evaporación, se formó la inmensa nube, de un tinte gris claro, que iba extendiéndose y cambiando de matices lentamente. La forma aparente era la de una coliflor deshojada, de colosales dimensiones, ancha arriba y descansando sobre una base relativamente delgada: un joven aficionado a la fotografía, don Manuel Redondo, tuvo la fortuna de tomar una vista desde la plaza de la artillería en el momento de la erupción, cuya copia acompañamos a este informe. Poco a poco los vapores fueron ascendiendo y se extendieron horizontalmente, hasta tomar la forma de un paraguas de muchos kilómetros de diámetro. Movida esa nube por los vientos superiores, se extendió por toda la meseta central, y produjo la lluvia de cenizas a que nos referimos, entre las 6 y las 8 de la noche del 25 de enero. Según observaciones posteriores practicadas en San José, en San Pedro de Poás y en la cima del volcán, no sería exagerado asegurar que la cantidad de cenizas arrojada por el Poás en la tarde del 25, puede estimarse en 800000 metros cúbicos, con un peso de 640000 toneladas, o sea una cantidad suficiente para cubrir toda La Sabana con una capa de un metro de espesor.

Erupción del volcán Poás del 25 de enero de 1910, vista desde la Plaza de la Artillería en San José.

Por comisión del Ministerio de Fomento, salimos de esta ciudad en la mañana del 28 y pudimos observar que la cantidad de ceniza aumentaba progresivamente hasta cubrir los campos de cultivo en la región de San Joaquín de Heredia, con una débil capa de color gris, como si intencionalmente hubiesen regado en los cafetales, el conocido abono Albert. Los flancos de los caminos en Alajuela y sus alrededores estaban regados de ceniza, y daban en la sombra un aspecto precioso, como si fueran rocas de aluminio. El aspecto entre Alajuela y el río de Poás parece uniforme, lleno de pequeñas vertientes que hacen un camino accidentado de altos y bajos hasta llegar a la orilla del río.

A partir de este lugar se asciende siempre hasta llegar a la villa de San Pedro que se halla a una altura de 1120 m. Desde San Pedro continuamos nuestro viaje, por la tarde, para llegar a dormir a La Lechería, que se halla a una altura de 2200 m, tanto esa parte del camino, como la que sigue dela Lechería al volcán, es difícil transitar por el estado de abandono en que se encuentra y por lo fuerte de las pendientes, casi en toda su extensión. Siendo el volcán de Poás uno de los encantos naturales que posee Costa Rica, de mayor importancia, convendría mantener en buen estado ese camino, porque seguros de que muchos extranjeros vendrían a este país, aunque no tuviera otro atractivo que la visita del precioso volcán. Una vez abierto el camino, y mantenido en buenas condiciones, cosa que puede hacerse con poco gasto, por tratarse de 20 kilómetros próximamente, los particulares establecerían habitaciones en el trayecto, y en la cima misma podría establecerse un alojamiento cómodo para los viajeros que, hoy por hoy, se hallan expuestos a las inclemencias del viento, del frío y de la lluvia, por no haber otro abrigo que el que proporciona la montaña misma.

En la mañana del 29, al salir el sol, emprendimos el ascenso a pie, y llegamos al cráter a las 9 de la mañana. En todo ese trayecto se nota la caída de pequeñas piedras en bastante abundancia y según nos dijo la gente que habita en La Lechería, estas piedrecillas produjeron al hacer, la impresión de una fuerte granizada; algunas de estas piedras alcanzan un diámetro de uno a dos centímetros. En la montaña del alto, se encuentra piedrecillas diseminadas con frecuencia sobre las hojas de los árboles y arbustos, que al sacudirse con el viento o intencionalmente con la mano, caían sobre el suelo. Al día siguiente de la erupción, a las siete de la mañana, según pudo observar uno de nosotros, el potrero grande del alto estaba cubierto de una espesa capa de escarcha; los cristales de hielo formados en las ramitas y las hojas de la hierba llegaban a tener de 5 a 8 mm de longitud y el aspecto general que daban los pastos era verdaderamente encantador; esta escarcha se debió al exceso de frío en la noche del 25, descenso de temperatura que también parece haberse sentido en la mesta central; pero estamos seguros de que esto no ha tenido relación con la erupción misma, pues la nube arrojada más bien debía haberse impedido la irradiación terrestre, produciendo tal vez el descenso de la temperatura el viento NE, que sopla con frecuencia en esa época del año.

Ya cerca del segundo potrero, se encuentran algunos pedazos de piedra de tres a cuatro centímetros de grueso, los cuales son generalmente livianos y porosos. En la proximidad del cráter han caído algunas piedras que van aumentando en tamaño y abundancia, a medida que uno se acerca a las orillas del cráter mismo. En la mañana del 26 se encontraba este cubierto enteramente por una capa de ceniza uniforme, que le daba un aspecto de lo más extraño para las personas acostumbradas a admirar sus matices. Posteriormente, el viento y el agua han limpiado algunos lugares, mostrando manchas de otros colores que rompen la monotonía del conjunto. La primera impresión que se recibe al llegar al cráter es que la laguna del fondo se ha agrandado sin que sea posible decir cuánto, ni tampoco por qué lado. De la comparación cuidadosa, entre fotografías tomadas por nosotros y las fotografías anteriores, se desprende que ha desaparecido la mayor parte de la playa que existía al SW, debido esto, probablemente al cambio de nivel de las aguas, que pueden haber sido de algunos metros, y que se prueba por haberse sumergido algunas rocas que no han cambiado de aspecto. Por la falta de observaciones anteriores a la erupción del 25, no podemos precisar si este cambio se debe a la erupción misma, o si, lo que es mucho más probable, sea simplemente consecuencia de las fuertes lluvias de los dos últimos años. Es muy posible que antes de la erupción, el cráter tuviera una cantidad de agua mucho mayor, y hasta hay la posibilidad de que esta fuera la causa de la erupción tan extraordinariamente fuerte, viniendo a ser así una especie de desahogo de las aguas y materias arrastradas por la misma lluvia. Pudiera también suceder que el fondo del cráter haya adquirido una profundidad mucho mayor en los cañones interiores, lo cual tendría por consecuencia un cambio en su régimen, produciendo en adelante erupciones más fuertes que en años anteriores, pero más espaciadas unas de otras. Además, ha habido derrumbes de alguna consideración por el lado norte, habiéndose encausado la laguna caliente en esa dirección en cantidad apreciable. A causa de la falta absoluta de un mapa de los playones, no podemos decir si los derrumbes solo abarcaron la parte inferior de los acantilados o si han empezado desde lo alto.

Vista del cráter del volcán Poás después de la erupción del 15 de enero de 1910. 

Todos los alrededores del cráter han recibido ceniza en forma de lodo, pues se ven señales de que este ha corrido sobre las ramas, cubriéndolas hasta su parte inferior. De las observaciones hechas al día siguiente de la erupción, parece que los playones y las colinas del norte, han recibido una cantidad mayor de cenizas que la que cayó al lado sur. También es de notarse que el lodo cayó en zonas que irradian del cráter en bandas irregulares: parece que el lodo ha salido en chorros separados unos de los otros que han tomado distintas direcciones, fenómeno que ya se ha observado antes en otras erupciones menores.

Hasta una distancia que varía entre 150 y 200 metros del borde superior del cráter, han caído numerosas piedras cuya estructura y naturaleza se verá más adelante; las hay de todos tamaños, desde 5 hasta 48 cm de espesor, algunas livianas, pero la mayor parte de consistencia maciza y pesada. Casi todas han caído con dirección inclinada hacia afuera, describiendo en su trayectoria una parábola, como puede comprobarse por la dirección de los huecos en que están sepultadas, también han debido caer desde una gran altura, porque las grandes desfondaron el terreno a más de un metro de profundidad y han tenido fuerza para trozar raíces y romper sin dificultad, ramas más gruesas que el brazo de un hombre, entrando todavía a considerable profundidad en el suelo; su distribución no es uniforme, los huecos abundan al lado SW, mientras que por el SE, hacia la laguna fría, se vuelven cada vez menos numerosos, hasta desaparecer por completo en esa dirección. No sabemos si también habrán caído en los playones del NE, pues el tiempo no permitió la exploración por aquellos lugares.

Caída de bombas volcánicas durante la erupción del volcán Poás el 25 de enero de 1910.
En la laguna fría debe haber caído una gran cantidad de lodo y de cenizas, hasta el punto de que en la mañana del 26, su hermoso color azul se había transformado en un verde sucio, y el agua tenía un sabor agrio tan pronunciado que no podía beberse, Las aguas en sus orillas y en el pequeño río Ángel presentaban un color lechoso, sucio y arrastraban bastantes cenizas en suspensión. El 27, según nos aseguraron otros excursionistas, el agua había recobrado ya su transparencia y color naturales, y en ese estado la encontramos a nuestra llegada el día 29. Esta purificación tan rápida, no puede atribuirse a la acción del desagüe, por ser un caudal insignificante; es más probable que las sustancias extrañas se difundieran por toda la masa, perdiendo así su fuerza. Fuera de estos cambios pasajeros no hemos notado ningún cambio en la configuración de la laguna, ni en la dirección del desaguadero; tampoco ha sufrido nada la cortina de roca dura que separa la laguna de la olla del cráter, y por lo mismo no debe temerse la irrupción de aquella en el cráter vivo. Como objeto de ornato para la laguna fría, pudiera tal vez bajarse el nivel del desaguadero en una pequeña distancia y con un gasto insignificante, obteniendo con esto, bajar el nivel de la laguna en un metro próximamente o algo más, lo que haría aumentar las playas, mejorando con mucho el aspecto general de aquel precioso panorama.

Erupción del volcán Poás antes de 1910.

Desde el día 25, el volcán ha estado en calma absoluta; ni nosotros, ni ninguno de los numerosos excursionistas que han subido después, han notado la menor erupción. El hecho de haber arrojado cenizas el volcán de Poás no es un fenómeno absolutamente extraño: hace como 30 años, una erupción de cenizas llegó hasta San Pedro de Poás, cubriendo las hojas de los cafetos hasta el extremo de poderse dibujar sobre ellas. Hace pocos años, la erupción de cenizas fue tan fuerte en los alrededores del cráter, sobre la vereda que conduce a la laguna fría, que se formaban verdaderos montones sobre las ramas de los arrayanes, a tal extremo que se desgajaron estas por su peso; pero las columnas observadas, en ningún tiempo han sido tan altas que pudieran extenderse las cenizas más allá de las faldas del volcán, como se vio en la tarde del 25.

Omitimos dar una descripción detallada de la masa del Poás desde el punto de vista geográfico, por haberse publicado los datos en diversos informes de años anteriores, y porque la comisión que se nos dio es el estudio de un fenómeno especial. Las cenizas examinadas se componen de una parte soluble en el agua y de un residuo insoluble. A la parte soluble se deben los fenómenos de corrosión de los vegetales y las manchas sobre la ropa. Para estudiarlas se lavaron cenizas con una pequeña cantidad de agua y se filtraron; el líquido transparente tenía olor a anhídrido sulfuroso y un sabor astringente. Unas gotas vertidas en tintura de tornasol la enrojecían; con el cloruro de bario dio un precipitado abundante, insoluble en ácido clorhídrico. Con el nitrato de plata no precipitó. Con el amoniaco se obtuvo un precipitado gelatinoso, que resultó ser una mezcla de hidratos de aluminio y de hierro. Con el oxalato de amonio agregado a una parte del líquido, neutralizado, se obtuvo un precipitado débil. Con el ferrocianuro de potasio dio un color azul débil; con el ferrocianuro, un color azul intenso; con el tanino un color negro.

Este examen revela la presencia en las cenizas de anhídrido sulfuroso, ácido sulfúrico, que siempre se forma cuando el anhídrido sulfuroso se encuentra en presencia del aire húmedo, de sulfato ferroso, de sulfato de aluminio. Al anhídrido sulfuroso y al ácido sulfúrico se deben los fenómenos de descoloración y corrosión de los tejidos y vegetales. Al sulfato ferroso se deben las manchas amarillentas sobre la ropa blanca. Estas manchas se quitan fácilmente lavándolas con jugo de limón mezclado con un volumen de agua, luego exponiendo la ropa durante una hora por lo menos a la luz directa del sol y lavándola por fin con agua pura. 

Excepto en las inmediaciones del cráter, la caída de cenizas no ha sido suficiente para dañar seriamente los cultivos. Además, gracias a la gran solubilidad de las sustancias corrosivas, el rocío las arrastró en poco tiempo; en La Lechería, al pie del volcán, el ganado rehusó comer durante un día o dos, pero cuatro días después de la caída de cenizas, vimos las vacas comer con apetito. Es posible que el anhídrido sulfuroso y el azufre contenidos en las cenizas hayan perjudicado más a los insectos nocivos a la agricultura, que a los cultivos mismos. La presencia de ácido sulfúrico en cenizas volcánicas no es un hecho común; sin embargo, en agosto de 1852, una lluvia de agua y cenizas, cargada de ácido sulfúrico, arrojada por el Etna, ennegreció y destruyó la vegetación.


Fragmentos de vidrio volcánico, cristales rotos de feldespato, una cantidad menor de cristales de magnetita y de augita y una pequeña cantidad de azufre, se encontraron en la parte insoluble de las cenizas. Algunas de las bombas volcánicas caídas en la vecindad del cráter diferían de las lavas ordinarias por la presencia de una cantidad considerable de azufre libre y de pirita, diseminados en el feldespato y en la augita. La presencia de azufre en los bordes del agua caliente es otro distintivo del Poás; hace pocos años la presencia de pedazos de ese mineral era tan abundante que algunos vecinos de la villa de San Pedro se ocupaban en sacarlo para su venta en las droguerías, considerando esto como un trabajo lucrativo.       

              

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