domingo, 10 de agosto de 2014

LAS ERUPCIONES DEL VOLCÁN POAS 1905-1910

LAS ERUPCIONES DEL VOLCÁN POAS 1905-1910
Por J. Rudín, Anastasio Alfaro, Gustavo Michaud y A. Rudín

Periódico El día, N° 1258, 26 de enero de 1905 y otras fuentes desconocidas de 1910


EL POÁS EN ACTIVIDAD

Contra la opinión de la mayoría de las gentes que tienen de creencia de que este volcán está apagado, podemos hoy asegurar todo lo contrario.

En la excursión científica a esta montaña, efectuada por don Fidel Tristán hijo y algunos otros profesores del Liceo de Costa Rica, se ha llegado al convencimiento de que el Poás está en completa actividad, pues ha arrojado grandes cantidades de cenizas y altísimas columnas de vapor, que se han observado desde esta capital (San José) por don Pedro Nolasco Gutiérrez.

Quiera él que todo lo puede, entregar esta montaña en brazos de Morfeo para “sécula seculorum”.


GRAN ERUPCIÓN DEL CENIZA DEL VOLCÁN POÁS, 25 DE ENERO, 4:55 p.m.

El día 25 de enero, poco antes de las cinco de la tarde, se vio desde San José una inmensa columna, al parecer de humo, pero que en realidad era agua mezclada con cenizas, la cual se elevó sobre la cima del volcán Poás, a una altura que hemos podido estimar en 4000 metros, y que luego, por la evaporación, se fue ensanchando hacia los lados y hacia arriba hasta la prodigiosa altura de 8000 metros próximamente. La ciudad de San José se llenó de gente en las calles para observar el espectáculo hasta entonces nunca visto de tal magnitud. La columna en un principio apareció de color oscuro intenso, y luego, por la evaporación, se formó la inmensa nube, de un tinte gris claro, que iba extendiéndose y cambiando de matices lentamente. La forma aparente era la de una coliflor deshojada, de colosales dimensiones, ancha arriba y descansando sobre una base relativamente delgada: un joven aficionado a la fotografía, don Manuel Redondo, tuvo la fortuna de tomar una vista desde la plaza de la artillería en el momento de la erupción, cuya copia acompañamos a este informe. Poco a poco los vapores fueron ascendiendo y se extendieron horizontalmente, hasta tomar la forma de un paraguas de muchos kilómetros de diámetro. Movida esa nube por los vientos superiores, se extendió por toda la meseta central, y produjo la lluvia de cenizas a que nos referimos, entre las 6 y las 8 de la noche del 25 de enero. Según observaciones posteriores practicadas en San José, en San Pedro de Poás y en la cima del volcán, no sería exagerado asegurar que la cantidad de cenizas arrojada por el Poás en la tarde del 25, puede estimarse en 800000 metros cúbicos, con un peso de 640000 toneladas, o sea una cantidad suficiente para cubrir toda La Sabana con una capa de un metro de espesor.

Erupción del volcán Poás del 25 de enero de 1910, vista desde la Plaza de la Artillería en San José.

Por comisión del Ministerio de Fomento, salimos de esta ciudad en la mañana del 28 y pudimos observar que la cantidad de ceniza aumentaba progresivamente hasta cubrir los campos de cultivo en la región de San Joaquín de Heredia, con una débil capa de color gris, como si intencionalmente hubiesen regado en los cafetales, el conocido abono Albert. Los flancos de los caminos en Alajuela y sus alrededores estaban regados de ceniza, y daban en la sombra un aspecto precioso, como si fueran rocas de aluminio. El aspecto entre Alajuela y el río de Poás parece uniforme, lleno de pequeñas vertientes que hacen un camino accidentado de altos y bajos hasta llegar a la orilla del río.

A partir de este lugar se asciende siempre hasta llegar a la villa de San Pedro que se halla a una altura de 1120 m. Desde San Pedro continuamos nuestro viaje, por la tarde, para llegar a dormir a La Lechería, que se halla a una altura de 2200 m, tanto esa parte del camino, como la que sigue dela Lechería al volcán, es difícil transitar por el estado de abandono en que se encuentra y por lo fuerte de las pendientes, casi en toda su extensión. Siendo el volcán de Poás uno de los encantos naturales que posee Costa Rica, de mayor importancia, convendría mantener en buen estado ese camino, porque seguros de que muchos extranjeros vendrían a este país, aunque no tuviera otro atractivo que la visita del precioso volcán. Una vez abierto el camino, y mantenido en buenas condiciones, cosa que puede hacerse con poco gasto, por tratarse de 20 kilómetros próximamente, los particulares establecerían habitaciones en el trayecto, y en la cima misma podría establecerse un alojamiento cómodo para los viajeros que, hoy por hoy, se hallan expuestos a las inclemencias del viento, del frío y de la lluvia, por no haber otro abrigo que el que proporciona la montaña misma.

En la mañana del 29, al salir el sol, emprendimos el ascenso a pie, y llegamos al cráter a las 9 de la mañana. En todo ese trayecto se nota la caída de pequeñas piedras en bastante abundancia y según nos dijo la gente que habita en La Lechería, estas piedrecillas produjeron al hacer, la impresión de una fuerte granizada; algunas de estas piedras alcanzan un diámetro de uno a dos centímetros. En la montaña del alto, se encuentra piedrecillas diseminadas con frecuencia sobre las hojas de los árboles y arbustos, que al sacudirse con el viento o intencionalmente con la mano, caían sobre el suelo. Al día siguiente de la erupción, a las siete de la mañana, según pudo observar uno de nosotros, el potrero grande del alto estaba cubierto de una espesa capa de escarcha; los cristales de hielo formados en las ramitas y las hojas de la hierba llegaban a tener de 5 a 8 mm de longitud y el aspecto general que daban los pastos era verdaderamente encantador; esta escarcha se debió al exceso de frío en la noche del 25, descenso de temperatura que también parece haberse sentido en la mesta central; pero estamos seguros de que esto no ha tenido relación con la erupción misma, pues la nube arrojada más bien debía haberse impedido la irradiación terrestre, produciendo tal vez el descenso de la temperatura el viento NE, que sopla con frecuencia en esa época del año.

Ya cerca del segundo potrero, se encuentran algunos pedazos de piedra de tres a cuatro centímetros de grueso, los cuales son generalmente livianos y porosos. En la proximidad del cráter han caído algunas piedras que van aumentando en tamaño y abundancia, a medida que uno se acerca a las orillas del cráter mismo. En la mañana del 26 se encontraba este cubierto enteramente por una capa de ceniza uniforme, que le daba un aspecto de lo más extraño para las personas acostumbradas a admirar sus matices. Posteriormente, el viento y el agua han limpiado algunos lugares, mostrando manchas de otros colores que rompen la monotonía del conjunto. La primera impresión que se recibe al llegar al cráter es que la laguna del fondo se ha agrandado sin que sea posible decir cuánto, ni tampoco por qué lado. De la comparación cuidadosa, entre fotografías tomadas por nosotros y las fotografías anteriores, se desprende que ha desaparecido la mayor parte de la playa que existía al SW, debido esto, probablemente al cambio de nivel de las aguas, que pueden haber sido de algunos metros, y que se prueba por haberse sumergido algunas rocas que no han cambiado de aspecto. Por la falta de observaciones anteriores a la erupción del 25, no podemos precisar si este cambio se debe a la erupción misma, o si, lo que es mucho más probable, sea simplemente consecuencia de las fuertes lluvias de los dos últimos años. Es muy posible que antes de la erupción, el cráter tuviera una cantidad de agua mucho mayor, y hasta hay la posibilidad de que esta fuera la causa de la erupción tan extraordinariamente fuerte, viniendo a ser así una especie de desahogo de las aguas y materias arrastradas por la misma lluvia. Pudiera también suceder que el fondo del cráter haya adquirido una profundidad mucho mayor en los cañones interiores, lo cual tendría por consecuencia un cambio en su régimen, produciendo en adelante erupciones más fuertes que en años anteriores, pero más espaciadas unas de otras. Además, ha habido derrumbes de alguna consideración por el lado norte, habiéndose encausado la laguna caliente en esa dirección en cantidad apreciable. A causa de la falta absoluta de un mapa de los playones, no podemos decir si los derrumbes solo abarcaron la parte inferior de los acantilados o si han empezado desde lo alto.

Vista del cráter del volcán Poás después de la erupción del 15 de enero de 1910. 

Todos los alrededores del cráter han recibido ceniza en forma de lodo, pues se ven señales de que este ha corrido sobre las ramas, cubriéndolas hasta su parte inferior. De las observaciones hechas al día siguiente de la erupción, parece que los playones y las colinas del norte, han recibido una cantidad mayor de cenizas que la que cayó al lado sur. También es de notarse que el lodo cayó en zonas que irradian del cráter en bandas irregulares: parece que el lodo ha salido en chorros separados unos de los otros que han tomado distintas direcciones, fenómeno que ya se ha observado antes en otras erupciones menores.

Hasta una distancia que varía entre 150 y 200 metros del borde superior del cráter, han caído numerosas piedras cuya estructura y naturaleza se verá más adelante; las hay de todos tamaños, desde 5 hasta 48 cm de espesor, algunas livianas, pero la mayor parte de consistencia maciza y pesada. Casi todas han caído con dirección inclinada hacia afuera, describiendo en su trayectoria una parábola, como puede comprobarse por la dirección de los huecos en que están sepultadas, también han debido caer desde una gran altura, porque las grandes desfondaron el terreno a más de un metro de profundidad y han tenido fuerza para trozar raíces y romper sin dificultad, ramas más gruesas que el brazo de un hombre, entrando todavía a considerable profundidad en el suelo; su distribución no es uniforme, los huecos abundan al lado SW, mientras que por el SE, hacia la laguna fría, se vuelven cada vez menos numerosos, hasta desaparecer por completo en esa dirección. No sabemos si también habrán caído en los playones del NE, pues el tiempo no permitió la exploración por aquellos lugares.

Caída de bombas volcánicas durante la erupción del volcán Poás el 25 de enero de 1910.
En la laguna fría debe haber caído una gran cantidad de lodo y de cenizas, hasta el punto de que en la mañana del 26, su hermoso color azul se había transformado en un verde sucio, y el agua tenía un sabor agrio tan pronunciado que no podía beberse, Las aguas en sus orillas y en el pequeño río Ángel presentaban un color lechoso, sucio y arrastraban bastantes cenizas en suspensión. El 27, según nos aseguraron otros excursionistas, el agua había recobrado ya su transparencia y color naturales, y en ese estado la encontramos a nuestra llegada el día 29. Esta purificación tan rápida, no puede atribuirse a la acción del desagüe, por ser un caudal insignificante; es más probable que las sustancias extrañas se difundieran por toda la masa, perdiendo así su fuerza. Fuera de estos cambios pasajeros no hemos notado ningún cambio en la configuración de la laguna, ni en la dirección del desaguadero; tampoco ha sufrido nada la cortina de roca dura que separa la laguna de la olla del cráter, y por lo mismo no debe temerse la irrupción de aquella en el cráter vivo. Como objeto de ornato para la laguna fría, pudiera tal vez bajarse el nivel del desaguadero en una pequeña distancia y con un gasto insignificante, obteniendo con esto, bajar el nivel de la laguna en un metro próximamente o algo más, lo que haría aumentar las playas, mejorando con mucho el aspecto general de aquel precioso panorama.

Erupción del volcán Poás antes de 1910.

Desde el día 25, el volcán ha estado en calma absoluta; ni nosotros, ni ninguno de los numerosos excursionistas que han subido después, han notado la menor erupción. El hecho de haber arrojado cenizas el volcán de Poás no es un fenómeno absolutamente extraño: hace como 30 años, una erupción de cenizas llegó hasta San Pedro de Poás, cubriendo las hojas de los cafetos hasta el extremo de poderse dibujar sobre ellas. Hace pocos años, la erupción de cenizas fue tan fuerte en los alrededores del cráter, sobre la vereda que conduce a la laguna fría, que se formaban verdaderos montones sobre las ramas de los arrayanes, a tal extremo que se desgajaron estas por su peso; pero las columnas observadas, en ningún tiempo han sido tan altas que pudieran extenderse las cenizas más allá de las faldas del volcán, como se vio en la tarde del 25.

Omitimos dar una descripción detallada de la masa del Poás desde el punto de vista geográfico, por haberse publicado los datos en diversos informes de años anteriores, y porque la comisión que se nos dio es el estudio de un fenómeno especial. Las cenizas examinadas se componen de una parte soluble en el agua y de un residuo insoluble. A la parte soluble se deben los fenómenos de corrosión de los vegetales y las manchas sobre la ropa. Para estudiarlas se lavaron cenizas con una pequeña cantidad de agua y se filtraron; el líquido transparente tenía olor a anhídrido sulfuroso y un sabor astringente. Unas gotas vertidas en tintura de tornasol la enrojecían; con el cloruro de bario dio un precipitado abundante, insoluble en ácido clorhídrico. Con el nitrato de plata no precipitó. Con el amoniaco se obtuvo un precipitado gelatinoso, que resultó ser una mezcla de hidratos de aluminio y de hierro. Con el oxalato de amonio agregado a una parte del líquido, neutralizado, se obtuvo un precipitado débil. Con el ferrocianuro de potasio dio un color azul débil; con el ferrocianuro, un color azul intenso; con el tanino un color negro.

Este examen revela la presencia en las cenizas de anhídrido sulfuroso, ácido sulfúrico, que siempre se forma cuando el anhídrido sulfuroso se encuentra en presencia del aire húmedo, de sulfato ferroso, de sulfato de aluminio. Al anhídrido sulfuroso y al ácido sulfúrico se deben los fenómenos de descoloración y corrosión de los tejidos y vegetales. Al sulfato ferroso se deben las manchas amarillentas sobre la ropa blanca. Estas manchas se quitan fácilmente lavándolas con jugo de limón mezclado con un volumen de agua, luego exponiendo la ropa durante una hora por lo menos a la luz directa del sol y lavándola por fin con agua pura. 

Excepto en las inmediaciones del cráter, la caída de cenizas no ha sido suficiente para dañar seriamente los cultivos. Además, gracias a la gran solubilidad de las sustancias corrosivas, el rocío las arrastró en poco tiempo; en La Lechería, al pie del volcán, el ganado rehusó comer durante un día o dos, pero cuatro días después de la caída de cenizas, vimos las vacas comer con apetito. Es posible que el anhídrido sulfuroso y el azufre contenidos en las cenizas hayan perjudicado más a los insectos nocivos a la agricultura, que a los cultivos mismos. La presencia de ácido sulfúrico en cenizas volcánicas no es un hecho común; sin embargo, en agosto de 1852, una lluvia de agua y cenizas, cargada de ácido sulfúrico, arrojada por el Etna, ennegreció y destruyó la vegetación.


Fragmentos de vidrio volcánico, cristales rotos de feldespato, una cantidad menor de cristales de magnetita y de augita y una pequeña cantidad de azufre, se encontraron en la parte insoluble de las cenizas. Algunas de las bombas volcánicas caídas en la vecindad del cráter diferían de las lavas ordinarias por la presencia de una cantidad considerable de azufre libre y de pirita, diseminados en el feldespato y en la augita. La presencia de azufre en los bordes del agua caliente es otro distintivo del Poás; hace pocos años la presencia de pedazos de ese mineral era tan abundante que algunos vecinos de la villa de San Pedro se ocupaban en sacarlo para su venta en las droguerías, considerando esto como un trabajo lucrativo.       

              

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sábado, 6 de abril de 2013

Nota sobre el epicentro del terremoto del 30 de diciembre de 1888 (Terremoto de Fraijanes)



Nota sobre el epicentro del terremoto del 30 de diciembre de 1888 (Terremoto de Fraijanes)

Por Gustavo Michaud. Anales del Centro de Estudios Sismológicos, San José, 30 de noviembre de 1911.

Pocos días después del terremoto del 30 de dciembre de 1888, el Gobierno mandó dos expediciones sucesivas con la misión de averiguar los cambios sobrevenidos en los volcanes de Barba y Poás. La primera expedición fue dirigida por el profesor don Juan de Dios Céspedes; la segunda por el profesor Pittier, director del Instituto Físico Geográfico. En sus informes respectivos ambos observadores parecen preocupados ante todo de la determinación de la causa del terremoto.

Casa de adobe destruida en San José
 
El señor Céspedes atribuye el cataclismo al volcán Barba de la siguiente manera:

“Tanto por la narración del señor Murillo como por la de otros vecinos que no creo necesario mencionar en este informe, cuanto por la posición topográfica de aquel lugar (San Pedro de la Calabaza) no pude menos de persuadirme ya, de que el autor de todas nuestras desgracias no era el volcán Poás sino el de Barba, toda vez que las ondas de los terremotos, en quel paraje, se habrán prolongado casi de Este a Oeste y no Norte a Sur, en cuya dirección tenía el volcán Poás, mientras que casi con la primera se presentaba el de Braba.

A medida que continuaba el camino hacia el volcán de poás, que siempre tenía al Norte, mientras que el Barba estaba hacia el Este, mi juicio se iba robusteciiendo cada vez más, en la persuación de que este último volcán era el que había producido las últimas conmociones, en vista de los hechos de inercia que notaba en la caída de los tejados de las casas de madera, y más aun cuando llegué a ver una casa de adobes, cuyas paredes estaban caídas de Este a Oeste, mientras que las de Norte a Sur habían quedado desplomadas pero fijas; igual efecto noté en los paredones del camino, pues todos los que llevaban a mo izquierda, al lado Oeste, habían caído en abundancia hacia el Este mientras qye los del Este su caída era mucho menor. En presencia de tales hechos ya no tuve la menor duda de que las ondulaciones de los últimos temblores procedían del volcán Barba, que estaba hacia el Este.

El río Prendas lo encontré enlodado, pero sus aguas apenas habían disminuido. De allí empecé a ascender la montaña del Poás, y en todo el paraje que llaman La Legua se mostró una hendidura continua y cada vez más creciente, a tal extremo que en Las Canoas, lugar que es cima del cerro, la grieta tiene hasta 30 centímetros de ancho por una profundidad que pude sondar cerca de 2 metros.

Esta hendidura sufrida en el cerro del Poás, sirvió para corroborar más mi juicio de que el Barba era el volcán de la erupción, puesto que aquella hendifura se hallaba dirigida de Norte a Sur, del pie a la cima del Poás, y su existencia no me la pude explicar de otra suerte que por la resistencia del suelo a la ondulación producida del Barba al Poás”.

Por otra parte, el señor Pittier ve en los volcanes Poás e Irazú la causa de los seismos destructores y que concluye su informe por el enunciado de las tesis siguientes:

I.         Los movimientos sísmicos que hemos venido sintiendo desde el 10 de octubre hasta el 11 de enero, 
        inclusive, son debidos a una recrudescencia de actividad en los volcanes Irazú y Poás.
II.    Esta recrudescencia se ha manifestado por una erupción gaseosa y acuosa en el Irazú y por una
        erupción de lodo en el Poás.
III.   En ambos volcanes los fenómenos parecen estar en vía de disminución.
IV.      El cerro llamado volcán Barba no manifiesta cambio alguno que pueda atribuirse a la acción 
        volcánica.
V.        Los terremotos de la noche del 29 al 30 de diciembre coinciden con el mayor esfuerzo producido 
       en el Poás por la desobstrucción de la chimenea del volcán. Con todo el examen del trazado del 
       sismógrafo prueba que San José ha sufrido simultáneamente dos temblores en dirección angular,
       uno procedente del Irazú y el otro del Poás.

Ambas aserciones, la del señor Céspedes y la del señor Pittier, me parecen carecer de base sólida y dejaré por un lado la discusión de un problema que bien puede considerarse como insoluble en el estado actual de la ciencia para ocuparme únicamente de la determinación del punto de la superficie del suelo en que el terremoto tuvo su origen y su mayor intensidad, es decir, su epicentro.

Según las declaraciones de ambos observadores, corroboradas por don Anastasio Alfaro, quién visitó la misma región poco tiempo después del teremoto, este punto estaría situado en la región que comprende Fraijanes y La Laguna. Dice el señor Pittier: Seguimos un camino que corta a bastante altura las faldas del Poás en direción a San Pedro de la Calabaza. Si se considera que en esta región es más sólido el terreno a consecuencia de la red de raíces que la sostienen, puede decirse que los efectos del sacudimiento han sido más marcados en el trayecto que va del río de La Paz hasta Fraijanes. Todas las filas están resquebrajadas, hay muchos árboles tumbados y los derrumbamientos son muy frecuentes. En Fraijanes, al pie de la falda Sur Este del Poás, casi no hay una casa que haya resistido. De Fraijanes fui a visitar La Laguna, quí los deslizamientos han tomado proporciones asombrosas.

Al considerar Fraijanes como el epicentro del terremoto de 1888 se comete un error probablemente muy inferior a 8 kilómetros. Trazando con Fraijanes por el centro un círculo de 8 kilómetros de radio, se encuentra que toda hipótesis que coloca el epicentro sobre la periferia de tal círculo es más o menos anadmisible. Sobre el segmento Sureste, un epicentro se hubiera manifestado por estragos comparables en la ciudad de Barba y en Fraijanes. Si sobre el segmento Suroeste, un fenómeno semejante hubiera ocurrido en la ciudad de Grecia. Sobre el segmento Noroeste se hubiera revelado con tanta energía en Toro Amaraillo como en Fraijanes. En Grecia y Braba es bien sabido que los estragos en el suelo, grietas y derumbos no fueron comparables a los que ocurrieron en Fraijanes. En el volcán Barba una conclusión semejente resulta del informe del señor Pittier:

“En la tarde del mismo día fuimos a dormir en la casa del Doctor Flores, al pie del cerro de Barba. En el trayecto no encontramos daños dignos de mención, ni en los alrededores de la laguna, ni en la cresta llamada Carrizal hallamos indicios de una reciente conmoción. No me gusta emitir opiniones perentorias cuando no tengo todos los hechos comprobados, pero en el presente caso no vacilo en afirmar categóricamente que el Barba no ha tenido últimamente erupciones no se puede considerar como el centro de los temblores actuales. Con esta convicción, basda sobre los hechos bastante seguros, continué al día siguienye en dirección al Desengaño, después de una noche que hicieron muy molesta la lluvia y la neblina.

Al salir de las selvas, en las cabeceras del río Segundo, y a la altura de 1600 metros, aproximadamente, encontramos las primeras señales del temblor, que consistían en grietas de una extensión variable y paralelas al curso de los ríos, y en derrumbamientos insignificantes. Los estragos van siendo mayores a medida que va una acercándose al río de la Máquina, la cual quedó completamente ruinosa”.

Un epicentro colocado sobre el segmento noroeste del círculo descrito alrededor de Fraijanes como centro tendría un interés especial, puesto que coincidiría aproximadamente con el cráter activo del volcán Poás, causa del terremoto, según Pittier. Ya resulta de las observaciones del señor Pittier que los estragos disminuyen en la vecindad inmediata del volcán: El 10, muy temprano, nos pusimos en marcha y cruzamos la depresión del Desengaño para subir al Poás. Noté el mismo hundimiento del terreno, los mismos derrumbamientos hasta una altura de 2300 metros, poco más o menos. La parte superior del cerro no presenta sino una desagregación del suelo que puede atribuirse más bien a una vibración continua, que al efecto propio de las sacudidas. No vacilo en creer que la conmoción producida por el volcán ha sido especialmente un esfuerzo lateral, lo que parece confirmar la circunstancia de que los estragos cesan a una altura regular, que es próximamente la de la laguna del cráter (2265 m).     

Por otra parte en la hipótesis del Poás epicentral, la población de Toro Amarillo, situada al Noroeste del volcán, hubiera probablemente sufrido estragos comparables a los que ocurrieron en Franijanes y en San Pedro de Poás. No pude encontrar ninguna mención del Toro Amarillo en la relaciones del señor Pittier y en las del señor Céspedes y escribí al activp e inteligente Secretario de la Municipalidad de Grecia, don Alfredo Gómez, dueño de una finca en Toro Amarillo, suplicándole interrogar las personas que vivían en aquella población en diciembre de 1888. La contestación oral fue que, en Toro Amarillo, el terremoto había sido mucho menor que en San Pedro de Poás puesto que no había abierto grietas en el suelo ni causado derrumbamientos.

La hipótesis que acabo de enunciar descansa hasta aquí enteramente sobre la distribución geográfica de la intensidad del terremoto, pero es digno de notarse que la dirección general de la caída de las paredes y techos en San Pedro de Poás y cerca de esta población, dirección que tanto llamó la atención del señor Céspedes, halla su explicación en la misma hipótesis. El señor Céspedes interpretó bien lo que vió, en lo que toca a la dirección del terremoto pero, dejándose guiar, como el señor Pittier, por la idea preconcebida de que tales estragos tenían necesariamente un volcán por origen, él colocó a unos 18 kilómetros de San Pedro un epicentro que en realidad no se encontraba ni a la mitas de esta distancia.

Juzgando por la tremenda intensidad del terremoto en Fraijanes y por su rápida debilitación con la distancia, (no hubo daños en los edificios en la provincia de Cartago) el hipocentro no fue quizas más profundo que el del terremoto de 1911 en Toro Amarillo. Este último pareció menos temible sobre todo gracias a la posición de su epicentro a mayor distancia de las ciudades importantes de la república.

Gustavo Michaud
Vista de los daños sufridos en una casa ubicada en San José

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