sábado, 6 de abril de 2013

Nota sobre el epicentro del terremoto del 30 de diciembre de 1888 (Terremoto de Fraijanes)



Nota sobre el epicentro del terremoto del 30 de diciembre de 1888 (Terremoto de Fraijanes)

Por Gustavo Michaud. Anales del Centro de Estudios Sismológicos, San José, 30 de noviembre de 1911.

Pocos días después del terremoto del 30 de dciembre de 1888, el Gobierno mandó dos expediciones sucesivas con la misión de averiguar los cambios sobrevenidos en los volcanes de Barba y Poás. La primera expedición fue dirigida por el profesor don Juan de Dios Céspedes; la segunda por el profesor Pittier, director del Instituto Físico Geográfico. En sus informes respectivos ambos observadores parecen preocupados ante todo de la determinación de la causa del terremoto.

Casa de adobe destruida en San José
 
El señor Céspedes atribuye el cataclismo al volcán Barba de la siguiente manera:

“Tanto por la narración del señor Murillo como por la de otros vecinos que no creo necesario mencionar en este informe, cuanto por la posición topográfica de aquel lugar (San Pedro de la Calabaza) no pude menos de persuadirme ya, de que el autor de todas nuestras desgracias no era el volcán Poás sino el de Barba, toda vez que las ondas de los terremotos, en quel paraje, se habrán prolongado casi de Este a Oeste y no Norte a Sur, en cuya dirección tenía el volcán Poás, mientras que casi con la primera se presentaba el de Braba.

A medida que continuaba el camino hacia el volcán de poás, que siempre tenía al Norte, mientras que el Barba estaba hacia el Este, mi juicio se iba robusteciiendo cada vez más, en la persuación de que este último volcán era el que había producido las últimas conmociones, en vista de los hechos de inercia que notaba en la caída de los tejados de las casas de madera, y más aun cuando llegué a ver una casa de adobes, cuyas paredes estaban caídas de Este a Oeste, mientras que las de Norte a Sur habían quedado desplomadas pero fijas; igual efecto noté en los paredones del camino, pues todos los que llevaban a mo izquierda, al lado Oeste, habían caído en abundancia hacia el Este mientras qye los del Este su caída era mucho menor. En presencia de tales hechos ya no tuve la menor duda de que las ondulaciones de los últimos temblores procedían del volcán Barba, que estaba hacia el Este.

El río Prendas lo encontré enlodado, pero sus aguas apenas habían disminuido. De allí empecé a ascender la montaña del Poás, y en todo el paraje que llaman La Legua se mostró una hendidura continua y cada vez más creciente, a tal extremo que en Las Canoas, lugar que es cima del cerro, la grieta tiene hasta 30 centímetros de ancho por una profundidad que pude sondar cerca de 2 metros.

Esta hendidura sufrida en el cerro del Poás, sirvió para corroborar más mi juicio de que el Barba era el volcán de la erupción, puesto que aquella hendifura se hallaba dirigida de Norte a Sur, del pie a la cima del Poás, y su existencia no me la pude explicar de otra suerte que por la resistencia del suelo a la ondulación producida del Barba al Poás”.

Por otra parte, el señor Pittier ve en los volcanes Poás e Irazú la causa de los seismos destructores y que concluye su informe por el enunciado de las tesis siguientes:

I.         Los movimientos sísmicos que hemos venido sintiendo desde el 10 de octubre hasta el 11 de enero, 
        inclusive, son debidos a una recrudescencia de actividad en los volcanes Irazú y Poás.
II.    Esta recrudescencia se ha manifestado por una erupción gaseosa y acuosa en el Irazú y por una
        erupción de lodo en el Poás.
III.   En ambos volcanes los fenómenos parecen estar en vía de disminución.
IV.      El cerro llamado volcán Barba no manifiesta cambio alguno que pueda atribuirse a la acción 
        volcánica.
V.        Los terremotos de la noche del 29 al 30 de diciembre coinciden con el mayor esfuerzo producido 
       en el Poás por la desobstrucción de la chimenea del volcán. Con todo el examen del trazado del 
       sismógrafo prueba que San José ha sufrido simultáneamente dos temblores en dirección angular,
       uno procedente del Irazú y el otro del Poás.

Ambas aserciones, la del señor Céspedes y la del señor Pittier, me parecen carecer de base sólida y dejaré por un lado la discusión de un problema que bien puede considerarse como insoluble en el estado actual de la ciencia para ocuparme únicamente de la determinación del punto de la superficie del suelo en que el terremoto tuvo su origen y su mayor intensidad, es decir, su epicentro.

Según las declaraciones de ambos observadores, corroboradas por don Anastasio Alfaro, quién visitó la misma región poco tiempo después del teremoto, este punto estaría situado en la región que comprende Fraijanes y La Laguna. Dice el señor Pittier: Seguimos un camino que corta a bastante altura las faldas del Poás en direción a San Pedro de la Calabaza. Si se considera que en esta región es más sólido el terreno a consecuencia de la red de raíces que la sostienen, puede decirse que los efectos del sacudimiento han sido más marcados en el trayecto que va del río de La Paz hasta Fraijanes. Todas las filas están resquebrajadas, hay muchos árboles tumbados y los derrumbamientos son muy frecuentes. En Fraijanes, al pie de la falda Sur Este del Poás, casi no hay una casa que haya resistido. De Fraijanes fui a visitar La Laguna, quí los deslizamientos han tomado proporciones asombrosas.

Al considerar Fraijanes como el epicentro del terremoto de 1888 se comete un error probablemente muy inferior a 8 kilómetros. Trazando con Fraijanes por el centro un círculo de 8 kilómetros de radio, se encuentra que toda hipótesis que coloca el epicentro sobre la periferia de tal círculo es más o menos anadmisible. Sobre el segmento Sureste, un epicentro se hubiera manifestado por estragos comparables en la ciudad de Barba y en Fraijanes. Si sobre el segmento Suroeste, un fenómeno semejante hubiera ocurrido en la ciudad de Grecia. Sobre el segmento Noroeste se hubiera revelado con tanta energía en Toro Amaraillo como en Fraijanes. En Grecia y Braba es bien sabido que los estragos en el suelo, grietas y derumbos no fueron comparables a los que ocurrieron en Fraijanes. En el volcán Barba una conclusión semejente resulta del informe del señor Pittier:

“En la tarde del mismo día fuimos a dormir en la casa del Doctor Flores, al pie del cerro de Barba. En el trayecto no encontramos daños dignos de mención, ni en los alrededores de la laguna, ni en la cresta llamada Carrizal hallamos indicios de una reciente conmoción. No me gusta emitir opiniones perentorias cuando no tengo todos los hechos comprobados, pero en el presente caso no vacilo en afirmar categóricamente que el Barba no ha tenido últimamente erupciones no se puede considerar como el centro de los temblores actuales. Con esta convicción, basda sobre los hechos bastante seguros, continué al día siguienye en dirección al Desengaño, después de una noche que hicieron muy molesta la lluvia y la neblina.

Al salir de las selvas, en las cabeceras del río Segundo, y a la altura de 1600 metros, aproximadamente, encontramos las primeras señales del temblor, que consistían en grietas de una extensión variable y paralelas al curso de los ríos, y en derrumbamientos insignificantes. Los estragos van siendo mayores a medida que va una acercándose al río de la Máquina, la cual quedó completamente ruinosa”.

Un epicentro colocado sobre el segmento noroeste del círculo descrito alrededor de Fraijanes como centro tendría un interés especial, puesto que coincidiría aproximadamente con el cráter activo del volcán Poás, causa del terremoto, según Pittier. Ya resulta de las observaciones del señor Pittier que los estragos disminuyen en la vecindad inmediata del volcán: El 10, muy temprano, nos pusimos en marcha y cruzamos la depresión del Desengaño para subir al Poás. Noté el mismo hundimiento del terreno, los mismos derrumbamientos hasta una altura de 2300 metros, poco más o menos. La parte superior del cerro no presenta sino una desagregación del suelo que puede atribuirse más bien a una vibración continua, que al efecto propio de las sacudidas. No vacilo en creer que la conmoción producida por el volcán ha sido especialmente un esfuerzo lateral, lo que parece confirmar la circunstancia de que los estragos cesan a una altura regular, que es próximamente la de la laguna del cráter (2265 m).     

Por otra parte en la hipótesis del Poás epicentral, la población de Toro Amarillo, situada al Noroeste del volcán, hubiera probablemente sufrido estragos comparables a los que ocurrieron en Franijanes y en San Pedro de Poás. No pude encontrar ninguna mención del Toro Amarillo en la relaciones del señor Pittier y en las del señor Céspedes y escribí al activp e inteligente Secretario de la Municipalidad de Grecia, don Alfredo Gómez, dueño de una finca en Toro Amarillo, suplicándole interrogar las personas que vivían en aquella población en diciembre de 1888. La contestación oral fue que, en Toro Amarillo, el terremoto había sido mucho menor que en San Pedro de Poás puesto que no había abierto grietas en el suelo ni causado derrumbamientos.

La hipótesis que acabo de enunciar descansa hasta aquí enteramente sobre la distribución geográfica de la intensidad del terremoto, pero es digno de notarse que la dirección general de la caída de las paredes y techos en San Pedro de Poás y cerca de esta población, dirección que tanto llamó la atención del señor Céspedes, halla su explicación en la misma hipótesis. El señor Céspedes interpretó bien lo que vió, en lo que toca a la dirección del terremoto pero, dejándose guiar, como el señor Pittier, por la idea preconcebida de que tales estragos tenían necesariamente un volcán por origen, él colocó a unos 18 kilómetros de San Pedro un epicentro que en realidad no se encontraba ni a la mitas de esta distancia.

Juzgando por la tremenda intensidad del terremoto en Fraijanes y por su rápida debilitación con la distancia, (no hubo daños en los edificios en la provincia de Cartago) el hipocentro no fue quizas más profundo que el del terremoto de 1911 en Toro Amarillo. Este último pareció menos temible sobre todo gracias a la posición de su epicentro a mayor distancia de las ciudades importantes de la república.

Gustavo Michaud
Vista de los daños sufridos en una casa ubicada en San José

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