lunes, 15 de enero de 2024

El terremoto del 1° de agosto de 1935, Bagaces, Guanacaste, Costa Rica.

 

El terremoto del 1° de agosto de 1935, Bagaces, Guanacaste, Costa Rica.

Walter Montero Pohly & Guillermo E. Alvarado Induni, 1988

 

El 1 de agosto de 1935 a las 10:08 hora local ocurrió un sismo de magnitud Mw 6,2 con epicentro en las coordenadas 10,250 de latitud y -85,580 de longitud (Climent et al., 2013), la profundidad de la fuente se estima en 12 km. Después del sismo fueron sentidos al menos 10 réplicas en los dos días posteriores.

Los datos macrosísmicos recopilados muestran que la principal destrucción ocurrió en la población de Bagaces, donde la mayoría de las casas eran de adobe o de bahareque y de edad en muchos casos centenaria. La descripción de los daños en los periódicos La Prensa Libre y La Tribuna mencionan que: “en este poblado se presentó techos caídos, casas en el suelo, casi todas las casas desentechadas, con trepidación terrible de NE a SW. Muchas casas con las paredes caídas y destechadas. Las campanas de la iglesia sonaron solas y varias imágenes quedaron destrozadas. El pueblo conmovido. No se recuerda temblor igual. Siguen conmociones con ruidos subterráneos. No hay desgracias personales, solo hubo golpeados, daños materiales si hubo muchos. Muchas casas con el techo hundido, otras desplomadas y con las paredes rotas y caídas, sobre todo las construcciones de adobe. La iglesia sufrió daños de importancia. La Casa Municipal seriamente dañada, principalmente el local del telégrafo.

Los señores Medardo Guido y Carlos Sotela (comunicación oral, 1988) se refieren que no hubo eventos precursores al terremoto, y colapsaron casas y se botaron algunas ellas, especialmente las de bahareque y algunas de adobe que quedaron reventadas, la iglesia de abobe también quedó con las paredes abiertas.

Fuera de la población de Bagaces, don José Campos comenta que estando en el camino de Salitral a Mogote, observó que los arbustos se mecían mucho y las ramas casi pegaban al suelo y la tierra se agrietó y a la casa de madera de su padre, ubicada en Salitral de Bagaces, se le cayó la teja.

Don Carlos Sotela, refiere que por la zona de Limonal se desraizaron algunos árboles, y en Guayabo y Fortuna de Bagaces, las construcciones de madera no tuvieron daños, pero si reporta líquidos derramados de recipientes y de botellas quebradas en su casa.

En Liberia el temblor fue sentido violentamente y provocó alarma entre la población, donde se reportaron ligeros daños como por ejemplo en el edificio del Juzgado y la Alcaldía, donde el juez menciona daños en las paredes y el techo.

Montero y Alvarado (1988) le asignaron una intensidad Mercalli Modificada (MM) de VII en la zona epicentral, sustentada en que las construcciones dañadas eran de adobe y de bahareque, las cuales no presentan resistencia a los esfuerzos laterales, mientras las construcciones de madera no fueron afectadas, excepto por las referencias del señor Guido, de que las dos escuelas de madera quedaron desniveladas.

Figura 1. Mapa de intensidades del terremoto de Bagaces del 1° de agosto de 1935 (Vargas, A., 2015, modificado de Montero, W. & Alvarado, G. E., 1988).

No se cuenta con datos estadísticos oficiales de la cantidad de casas que se colapsaron totalmente (las entrevistas verbales dicen que fueron dos), ni de cuantas fueron demolidas posteriormente o reparadas. De la descripción de los daños se deduce que las casas con techo de tejas fueron desentejadas en buena parte y algunas tenían el techo hundido.

El 8 de agosto de 1935 el Congreso de la República decretó una ayuda de 10 mil colones para los damnificados del terremoto.

 

Referencias

Montero, W. & Alvarado, G. E., 1988: Los terremotos de Bagaces de 1935 y 1941: Neotectonismo transversal a la Cordillera Volcánica de Guanacaste, Costa Rica. Ciencia y Tecnología, 12 (1-2): 69-87. 19 págs.

Climent, A., Taylor, W., Soto, G. J. & Vargas A., 2013: Proyecto de repotenciación P.E. TEJONA: Estudio de Amenaza Sísmica y Volcánica. Área de Amenazas y Auscultación Sismológica y Volcánica, Instituto Costarricense de Electricidad. 43 págs.  


Etiquetas: , , , ,

sábado, 2 de noviembre de 2019

EL SISMO DEL 19 DE OCTUBRE DE 1926

EL SISMO DEL 19 DE OCTUBRE DE 1926

Geólogos Alejandro Argüello Sáenz  & Giovanni Peraldo

El sismo del 19 de octubre de 1926, ha sido localizado únicamente en fuentes hemerográficas (periódicos de la época) que dan testimonio de su ocurrencia. El problema que surge es que los datos de daños no corresponden con el tamaño del sismo que las fuentes periodísticas sugieren cuando afírman que fue sentido en Colón, Panamá y en Cartagena de Indias, Colombia.

No hay referencia de efectos de este sismo en fuentes documentales oficiales (consultados en Archivo Nacional), lo cual es extraño, dado la relativa importancia del daño que se describe para la ciudad de Limón.

Estudiando a fondo las fuentes hemerográficas se denotan multiamenazas, como lo es el paralelismo con una tormenta tropical de la zona Caribe, la cual pudo generar daños convergentes en cuanto al sismo. Además, de estás razones y de la perdida de la señal del telégrafo que se perdió durante en esos días, probablemente por ambas amenazas.

A la pregunta ¿Ocurrió este evento? la respuesta es que parece que sí por la referencia en diferentes periódicos de la época. Sin embargo, surge otro cuestionamiento respecto a su posible tamaño, pues no se considera, por análisis de los daños reportados, que este sismo fuera similar a los sismos del 7 de mayo de 1822 (San Estanislao) o del 22 de abril de 1991 (Limón).

Información del Diario de Costa Rica, del 20 de octubre de 1926

El violento temblor de ayer en la tarde. En Limón se registraron daños de consideración. Toda la ciudad de San José se alarmó ayer en la tarde con un violento temblor ocurrido cerca de las 15 horas. Fue de una intensidad inusitada y hasta llegó a temerse que hubiera ocasionado daños en algunas secciones de la ciudad. Conversamos con el ingeniero don Rafael Tristán, encargado de las sección sismológica del Observatorio Nacional. Nos manifestó que el temblor de ayer, merece un estudio especial, por encontrársele características que difieren mucho de las de los otros temblores registrados hasta ahora en Costa Rica. La razón de esta diferencia estriba en la gran área en donde el temblor fue sentido con carácter de fuerte, como lo comprueban telegramas recibidos de Limón, Orotina, Coronado, Alajuela, Heredia, San Marcos de Tarrazú y Sarapiquí. De algunos de esos lugares dicen que el temblor fue fuerte y largo como nunca se ha sentido y acompañado de un retumbo. Bien pudiera suceder que se tratara de un temblor con epicentro muy profundo o bien de un maremoto en fondo del océano, a una distancia relativa de las costas y que haya repercutido en la tierra firme siendo sentido con más violencia en algunas regiones de acuerdo con las condiciones geológicas.

Los primeros datos recogidos hasta las 20 horas, acusan un movimiento de primera intensidad una hora antes del sacudimiento grande. A las 14:49:30 se registró el fuerte temblor, de intensidad de V a VI, de la escala Rossi y Torel, con una duración total de más de un minuto y medio y con una dirección dominante de WSW a ENE. 

En Limón, el temblor se sintió muy fuerte, ocasionando varios daños en casas y muchas pérdidas en el comercio de abarrotes y licores y en las droguerías. La escuela nueva quedó tan dañada en su parte superior que se van a suspender las clases en ella. La escuela vieja, en donde hay gran cantidad de inquilinos va a ser desalojada. Un vecino cerca de la ciudad de Limón y a la par del río Limoncito, Rafael Ángel Vaglios, describió el sismo como “...un latigazo, como un estallido en la atmósfera...” y describió que el río Limoncito se “...arrollaba en ondas extraordinariamente...” y sobre ella los peces saltaban (Nota de Argüello y Peraldo: Estas observaciones sugieren una fuente sísmica cercana al observador debido al retumbo escuchado y la segunda el paso de la onda P).

En Orotina se calcula que el movimiento fue de intensidad IV. El temporal arrecia en la zona. En Coronado se sintió fuerte, las campañas del templo repicaron solas por la violencia del movimiento. En Alajuela se sintió con intensidad de IV y en Heredia, se agrietaron algunas paredes, las que seguramente estaban ya en mal estado. En San Marcos de Tarrazú se sintió fortísimo, la población estuvo alarmadísima y se tiró a la calle y tuvo una duración de 40 segundos. En Cartago se sintió muy fuerte pero no ocasionó daños. En Sarapiquí se sintió quizás más fuerte que en otros lugares, la población se alarmó porque el movimiento fue acompañado por un fuerte retumbo.

En San José no ocasionó daños de consideración, solamente se cayó una pared del Colegio de Señoritas, que ya se había comenzado a derribar para los trabajos de reparación que allí se emprenden. Al parecer el terremoto ha ocasionado serios daños en Almirante y Colón, pero no se tiene noticias fidedignas.

Etiquetas: , , , ,

sábado, 27 de enero de 2018

El Terremoto de Bocas del Toro, Panamá, del 25 de abril de 1916

El Terremoto de Bocas del Toro, Panamá, del 25 de abril de 1916

El día anterior, el 24 de abril, había ocurrido el terremoto de Miramar, con una magnitud de 7,0 y, 42 horas después, se produce este terremoto de Bocas del Toro, por lo que había mucho temor entre los pobladores de Costa Rica.

Periódico La Información, Año IX, miércoles 26 de abril de 1916, N°3476

Una serie de temblores, que culminó en uno de sétima intensidad, sacudió anoche el país. En todas partes reina un terrible pánico.

De la serie de temblores sentidos en los últimos días, el de anoche, a las 8 y 45, ha sido indiscutiblemente el de mayor duración e intensidad. El movimiento fue ondulatorio, al compás de las ondas sísmicas, la ciudad se mecía como sobre una hamaca; aquellas personas que en esos momentos se encontraban en las calles y las que salieron precipitadamente al primer vaivén del temblor pudieron notar como ondulaba la tierra.

Luminaria en la cordillera: Precisamente en el momento más crítico del movimiento sísmico, un resplandor producido en la cima de la cordillera donde se encuentra el volcán Poás, iluminó en una gran distancia las montañas y el firmamento. Fueron esos cuantos segundos de emocionante terror para los habitantes de la capital.

De los teatros, de los casinos, de las casas particulares todas las gentes se lanzaron presurosas a las calles en confuso tropel; por todas las partes se oían voces pidiendo clemencia al todopoderoso, gritos de terror y lamentos de pesar por lo que ocurría; esto unido a la oscuridad de la noche, pues hubo un momento en que se apagó el alumbrado eléctrico, a las carreras de las gentes y al estruendo y ruido del crujir de los edificios que parecían desplomarse, dieron a esos supremos instantes un aspecto aterrador.

Fueron muchas la mujeres que presas de la mayor agitación nerviosa cayeron desvanecidas en las calles unas, y en el interior de las casas otras. La mayoría de las gentes corrieron a congregarse en las plazas y los jardines públicos y muchas en esos lugares pasaron la noche.

Un rato después la ciudad volvió a su vida ordinaria de calma y tranquilidad y ya se principiaron a contar los acontecimientos. Rápidamente circularon noticias de que en la población ninguna desgracia personal había ocurrido. Cinco minutos después del temblor nosotros recorrimos la ciudad en automóvil para enterarnos de los daños causados por el temblor. Entre los principales anotamos los siguientes: Se hundió el techo del edificio de dos pisos que perteneció al Canónigo señor Vargas y que heredó el Licenciado don José Vargas M., ese edificio está situado cincuenta varas al sur de la esquina suroeste del Colegio de Señoritas y en el habitaba don Eloy Truque y su familia. Al desplomarse el techo de esa casa, se produjo un ruido terrible que se dejó sentir a quinientas varas. Dichosamente hacia unos instantes que la familia Truque había abandonado la casa, una sirvienta de la familia Truque fue la última en salir del edificio y estuvo a punto de perecer.

Cayó la techumbre de otra casa, propiedad de don Justino Álvarez, en el barrio de la Puebla y que estaba habitada por la señora Ana Badilla. También se encontraba en la calle cuando se produjo el derrumbamiento en la casa.

El temblor agrietó la Iglesia del Carmen, la que quedó muy dañada. Es de suponer que ese temblor dañase otros muchos edificios en San José y cuyos desperfectos los conoceremos hoy, porque anoche nadie estaba en condiciones de tranquilidad para averiguar esas pequeñeces que así pueden llamarse minuciosidades decimos, si se comparar con el espantoso pánico que el movimiento sísmico produjo en todos los ánimos.

De Alajuela se reporta: el temblor en duración e intensidad ha sido uno de los más largos y fuertes en todos los tiempos se hayan sentido aquí; sé de cuatro casas pequeñas y malas que cayeron sin ocasionar desgracias personales y de otras muchas que han sido agrietadas y dañadas en otras formas. Aquí entre las gentes el pánico es general; tal es terror que domina en el ánimo de todos los habitantes que probablemente esta noche ninguno dormirá en sus casas. La escena de terror y desesperación que se produjo en el instante en que la tierra se tambaleó, aumentó en gran proporción debido a que la ciudad se quedó a oscuras por haberse interrumpido el servicio del alumbrado eléctrico.

En Puntarenas, el temblor se sintió también fuerte, tanto o más que esta capital, lo mismo que en Esparta, Orotina y en todas las poblaciones de Alajuela, y extraordinariamente intenso en Naranjo, Poás, San Ramón y Palmares, donde hay muchos edificios deteriorados. En Atenas reportan que la Iglesia se estremecía haciendo un inmenso ruido, las agujas del reloj giraban constantemente, el pueblo está en la plaza elevando plegarias a Dios. De Naranjo se informa que la población está alarmadísima y las calles se encuentran llenas de gentes, gritan unos y rezan otros. En Puriscal se reporta que el sismo fue más fuerte que el 4 de mayo de 1910, si no hubiera sido ventaja de las casas de madera en esta, no hubiera quedado ni una, dirección del movimiento de N a S y de trepidación. El público alarmado, la noche esta oscurísima y sospechosa.

En Heredia no se conocía de daños materiales ni personales. De Cartago se informa que el temblor ha sido casi tan fuerte como el que destruyó esta ciudad en 1910; no ocurrieron desgracias personales; tampoco daños materiales; la alarma entre los habitantes es muy grande, más que todo porque ignoran lo que ha ocurrido en las otras provincias.

En la frontera norte y en Guanacaste, el temblor tuvo carácter de terremoto; en Liberia se dañaron varias casas sin ocasionar desgracias personales. En todas las zonas del Guanacaste, el movimiento sísmico se sintió con igual intensidad que en Liberia y en La Cruz. De Siquirres y Guapiles nos avisaron por teléfono que en aquella zona el temblor también se sintió.

Periódico La Información, Año IX, jueves 27 de abril de 1916, N°3477

Agitada por fuerzas subterráneas misteriosas, con cortas treguas de tiempo, la tierra continúa estremeciéndose unas veces muy débilmente, en forma apenas perceptible para los aparatos sismográficos, otras fuertes y otras fuertísimas y, en ese estado de intranquilidad y malestar personal llevamos ya varios días, ignorando en lo que hayan de terminar esos fenómenos, pero siempre con nuestros ánimos presa de la mayor excitación, temiendo una terrible catástrofe que puede ser la ruina completa del país y la muerte de muchas gentes.

Es imposible que nadie pueda acostumbrar su sistema nervioso a esos choques provenientes de agitaciones sísmicas y que así se pueda vivir tranquilo; todos los ánimos, todos los espíritus, revelan lo contrario, esto es, que la población capitalina y, también que todas las ciudades, villas, pueblos y caseríos de la República, permanecen en estos momentos en terrible estado de nerviosidad e intranquilidad, que son causa de la cuasi paralización de la vida ordinaria de negocios, en todas las manifestaciones de nuestra actividad.

En la noche del martes, millares de personas abandonaron la ciudad; retirándose a las afueras, a dormir al descubierto, en ranchos o galerones y esas gentes, todavía hoy día acampaban lejos de la capital.

Numerar los muchos edificios de mampostería y aún de bahareque cuyas paredes cuarteó aquel temblor, sería tarea larga; son Muchos ellos, pero debemos advertir que fueron pocas las paredes que se desplomaron o cayeron. Por doquier oímos frases de conmiseración, para los reos que permanecen presos en los subterráneos de la Penitenciaría, especialmente para los acusados por delitos políticos y que han sido encalabozados en los últimos días.

En algunos establecimientos comerciales, hubo destrozos de cristalería; sin embargo, las pérdidas no son realmente de importancia. Esto es, en comparación con la magnitud de aquel temblor, que en duración fue mucho más largo que el famoso del 4 de mayo de 1910, que destruyó la ciudad de Cartago y otras poblaciones de aquella provincia. Este dato ha sido corroborado por el Jefe del Observatorio Nacional, el que ya ha hecho los estudios necesarios al respecto.

Entre un grupo de supersticiosas gentes del pueblo, descubrimos ayer en la mañana, la alta, angulosa y escuálida figura del sabio astrónomo don Pedro Nolasco Gutiérrez, “El Brujo del Observatorio”, el profeta de los grandes cataclismos sísmicos. Abriéndonos campo casi a la fuerza por entre el compacto grupo, llegamos hasta el centro del amplio círculo de la muchedumbre que con suma atención y religioso respecto oía las predicciones de don Pedro, le preguntamos: ¿Qué opina usted de lo que pasa? - Pues sencillamente, que la serie de temblores sentidos, indica que nos encontramos dentro de una crisis sísmica, que debe merecernos toda atención y cuidado; ni yo ni nadie puede predecir, en la materia, lo que sucederá, pero, a mi juicio, la situación geológica del momento impone adoptar toda clase de precauciones para librarnos de un cataclismo. Hay que recordar las manifestaciones sísmicas que precedieron al gran terremoto de Cartago; estos antecedentes pueden servirnos de enseñanza para que no seamos tan confiados como lo fuimos entonces. Y, en lo que se refiere a datos científicos, no los puedo dar ahora; antes tengo que estudiar detenidamente los fenómenos presentados y esto, como usted comprenderá, requiere calma y tiempo.

En conversación telefónica con nuestro corresponsal en Puntarenas, don Romero Casal dice: “Puedo asegurar, sin temor de equivocarme, que el temblor de anoche (25 de abril), ha sido, sin disputa alguna, el más intenso y largo de los que, en muchos años, han sido sentidos en este puerto. Ya pueden ustedes imaginarse el pánico que en esos momentos se apoderó de los habitantes de esta población, dadas las predicciones que se han hecho tantas veces por científicos, de que, en una de estas oportunidades y a la hora menos pensada, se unirán las aguas del mar con las del Estero y desaparecerá la ciudad. Todos los vecinos nos lanzamos precipitadamente a las calles, presa del mayor de los terrores. Y a la luz de las débiles lámparas eléctricas que alumbran la población, muchas gentes pudieron apreciar las terribles ondulaciones de tierra, que se asemejan a las del oleaje del mar. Yo no me di cuenta de ese detalle, como tampoco de este otro, que me cuentan: que, al producirse el temblor, tanto en el Golfo como en el Estero, se levantaron gigantescas olas.  Aquí las gentes durmieron a la intemperie; las camas y tijeretas fueron sacadas a las calles y ocupadas por los vecinos”. 

Me avisan de Liberia, Cañas, Nicoya, Santa Cruz, Sardinal y otros muchos pueblos de aquella provincia; que, en todo aquel litoral, el temblor se sintió de manera muy violenta; pero que no causó desgracias personales ni daños materiales mayores; que no cesa allí de temblar y que existe por tal cusa, general malestar en todos los pueblos.

En San José solamente han recibido daños de consideración aquellos edificios que amenazan ruina, de los que existen muchísimos en esta ciudad; algunos son los mismos que los temblores de abril y mayo de 1910, fueron examinados por una comisión oficial de ingenieros y señalados con banderolas amarillas para ser demolidos y que nunca lo fueron, contentándose sus dueños con hacerles reparaciones de poca o ninguna importancia; y esos edificios están actualmente habitados, lo que en verdad de realidad, no deja de ser una terrible imprudencia, tanto al permitirlo las autoridades como al arrendarlos sus propietarios.

Periódico La Información, Año IX, sábado 29 de abril de 1916, N°3479
La catástrofe en Bocas del Toro, Almirante y Sixaola

De las noticias trasmitidas anoche de Limón, todas ellas oscuras y difusas, se traslucía que el terremoto de la noche del veinticinco había sido de malas consecuencias para la provincia panameña de Bocas del Toro.

Un terremoto, como decían aquellas noticias, que derriba casas de madera, que hace en la tierra extensas y profundas hendiduras de las que salen aguas que producen en los mares corrientes impetuosas que arrastran a los buques (Nota de Waldo Taylor: Se refieren al Tsunami que produjo el terremoto), que hunde montañas, que hace desaparecer islas, un terremoto de esos, decíamos, era natural que produjera víctimas, que destruyera poblaciones enteras, que fuera, en suma, un verdadero y horroroso cataclismo.

Dichosamente el terremoto de ña noche del 25, no ocasionó en la capital y pueblos de la provincia fronteriza panameña los desastres tan grandes ni las pérdidas tan cuantiosas que ha inventado la fantasía popular o los insubordinados nervios de algún ligero informante.

El doctor en cirugía dental don Roberto Jiménez Ortiz, quien procede de Bocas del Toro, Almirante y Sixaola, llegó ayer tarde a esta capital. Aquí está el relato: “La noche emocionante en que se produjo el temblor, me encontraba yo en la población costarricense de Sixaola. El movimiento sísmico fue largo, muy largo y sumamente intenso. Por espacio de cincuenta y tantos segundos la tierra se agitó furiosamente, al mismo tiempo que de las entrañas de la misma se producía un ruido sordo y cavernoso que infundía pánico; en esos precisos momentos, las aguas del caudaloso y ancho río que divide a ambos territorios, subieron de madre y retumbos fuertes se oyeron, también en las profundidades de las aguas; ruidos aquellos producidos por algo así, de grandes dislocamientos subterráneos o del chocar de millares de piedras agitadas por las furiosas corrientes. Siguió temblando toda la noche y allí nadie durmió, nadie podía dormir. “

Los tanques de agua en Sixaola, colocados sobre macizas y pequeñas torres de madera, se bambolearon hasta caer. Ningún daño sufrió, dichosamente el puente ferrocarrilero internacional colocado sobre el Sixaola y que comunica aquella sección del poblado costarricense con los puertos panameños de Almirante y Bocas del Toro. En Guabito, dos casas del Mr. Blen cayeron de sus bases de pilares de concreto y quedaron sentadas en el suelo. En Almirante ocurrió el mismo fenómeno con veinticuatro pequeñas casas del barrio más pobre de la población en las que habitaban familias jamaicanas. Sufrió considerablemente con el temblor el hermoso edificio de tres pisos que en aquel puerto posee la United y que es de cemento armado; quedó casi en estado ruinoso; y esa circunstancia me hace reflexionar que tampoco las construcciones de cemento armado pueden resistir eficazmente a los movimientos de un fuerte terremoto, si el suelo es inconsistente como el de esa región.

En el hermoso tajamar de Almirante se produjeron muchísimas grietas, altas y profundas algunas de ellas. En la ciudad de Bocas del Toro, capital de la provincia, cayeron algunos edificios de madera pequeños y que en muchos lugares la tierra se agrietó ligeramente, manando de esas cavidades agua dulce en abundancia; y que, en el momento que se produjo el terremoto, las anclas de las naves de gran calado surtas en aquel puerto, se deslizaron suavemente un gran trecho como impulsadas por fortísimas corrientes de mar, pero no al extremo de que las embarcaciones caminaran grandes trechos empujadas por esas corrientes marinas extrañas.



Nota de Waldo Taylor: Don Rafael M. Tristán, Observatorio Nacional, Servicio Sismológico, hace las siguientes observaciones con respecto a este terremoto. Hora: 8:47 p.m. Intensidad VII. Dirección aproximada ESE. Duración: Tremor inicial 7 segundos, fase principal 68 segundos, fase final 49 segundos, duración total 124 segundos. Concluye don Rafael que la distancia al epicentro da a 37 km, muy aproximado al dato sacado del sismo de ayer. Obviamente el señor Tristán hace referencia al terremoto de Miramar ocurrido un día antes.

Etiquetas: , , , ,

lunes, 31 de octubre de 2016

El Terremoto del 24 de abril de 1916, Costa Rica



El Terremoto del 24 de abril de 1916

Periódico La Información, Año IX, lunes 24 de abril de 1916, N°3474


Los fuertes temblores de esta madrugada

Al cerrar nuestra edición, a las 2 y 28 minutos de la mañana se sintieron en esta ciudad dos fuertes temblores. Uno inicial de oscilación y pocos segundos después otro prolongado de gran intensidad del cual obtuvimos los siguientes datos que nos suministró don Rafael Tristán y entre los cuales hay detalles de otros temblores, algunos de ellos perceptibles. El temblor de las 02:26 a.m. tuvo una intensidad de III (R y F). Dirección NW-SE. El de las 02:28 a.m. tuvo una intensidad de V (R y F), dirección NW-SE y de larga duración, oscilaciones y trepidaciones lentas.
El terremoto causó general alarma entre los habitantes de la ciudad, y puede decirse que ni una sola persona quedó entre sus casas. Por teléfono nos comunicamos a las 3 de la mañana con las provincias de Alajuela, Heredia y Cartago, habiéndosenos comunicado que los temblores, el inicial y el segundo, se sintieron muy fuertes. Las poblaciones alarmadas pero ningún daño material que se sepa. De Puntarenas se nos dijo por teléfono que el movimiento había sido allí extremadamente fuerte y de mayor intensidad que el que se sintió hace pocas semanas (hace referencia al sismo del 27 de febrero de 1916, ver reseña en este mismo blog); que no se observó ningún fenómeno especial y que tampoco se tenía detalle alguno sobre daños materiales.
En el Parque Morazán y otros lugares de recreo se aglomeró gran número de familias, dichosamente sin haberse tenido que lamentar desgracia alguna personal ni daños materiales, según información que obtuvimos de las Secciones de Policía. La Central de teléfonos estuvo ocupadísima dando comunicaciones con las demás provincias hasta cerca de las 4 de la mañana, hora que entró nuestro diario en prensa. Igualmente fue activísima la comunicación telefónica entre los aparatos de la capital, mereciendo elogio la buena voluntad de los empleados de la Central que prestan servicio nocturno.
Los automóviles recorrieron nuestras calles y puede decirse que la mayor parte de la población renunció a las horas de sueño que faltaban.


Periódico La Información, Año IX, martes 25 de abril de 1916, N°3475

Agitada por fuerzas subterráneas y misteriosas la tierra continúa estremeciéndose a cada rato. Los fenómenos sísmicos presentados antenoche y ayer, han provocado pánico grande en muchos pueblos de la República. En algunas poblaciones, los temblores causaron perjuicios de consideración.

De casi todos los pueblos de la República recibimos ayer telegramas en los que nuestros Corresponsales nos informan de los perjuicios y alarma producida por los últimos grandes temblores en sus respectivas localidades. La mayoría de esos telegramas se concretan a decir: "Temblor fuerte: consecuencias materiales y personales ninguna, los habitantes intranquilos”.

En consecuencia, no vemos la necesidad de reproducir uno a uno todos esos despachos telegráficos, que dicen lo mismo; de ellos, entresacamos aquellos que saliéndose en sus informaciones de lo ordinario, hablan de perjuicios ocasionados por esos temblores, perjuicios que dichosamente son bien pocos.

Esos temblores han causado en el ánimo de los costarricenses tanta mayor alarma, cuando que el caso trae al recuerdo la catástrofe que destruyó Cartago el 4 de mayo de 1910 y  los temblores, fuertes todos ellos, que se sintieron en abril de ese mismo año, y que fueron precursores de la horrible tragedia, la más pavorosa que ha registrado en Costa Rica y cuyas víctimas fueron tan numerosas, a pesar del régimen de precaución que existía en la época en que se produjo aquel triste acontecimiento.

El próximo 4 de mayo se cumplirán seis años de aquella horrenda catástrofe y llama la atención que ahora, como entonces, en el mes de abril se registren tantos, tan continuos y tan fuertes temblores de tierra, por lo cual muchos supersticiosos les señalan como un mal síntoma, precursor de males mayores. Y es por esa especialísima circunstancia, de tan triste recordación, que una buena parte de nuestro pueblo se siente en este momento un tanto intranquilo y molesto. Al igual de los vecinos de la capital, todos los habitantes de las otras ciudades, villas, pueblos y caseríos de la República, velaron en la noche de anteayer temerosos de un nuevo cataclismo; y millares de millares de ellos pasaron toda la madrugada a la intemperie, en prevención de acontecimientos mayores.

Con respecto a la capital y según datos que adquirimos ayer en fuentes oficiales, podemos decir que ningún perjuicio de consideración ocasionaron los temblores de anteayer en la madrugada; en algunas casas cayeron repellos, en otras tejas; en algunos establecimientos comerciales loza y botellería mal colocadas; pero nada más.

Las autoridades de Cartago nos informaron por teléfono: En la ciudad, nada de extraordinario ha ocurrido; de los pueblos, nada informan, lo que quiere decir que tampoco ha ocurrido nada especial. De Heredia, dice el Gobernador: Los fuertes temblores produjeron en el ánimo de las gentes la consiguiente alarma, sin otra novedad. Lo mismo informa el Gobernador de Alajuela. En Limón, los temblores se sintieron débilmente. En Liberia, también; en cambio, en La Cruz, muy fuerte. En San Juan del Sur de Nicaragua ni siquiera se sintieron. En Nicoya, el segundo de los temblores de la serie tuvo carácter de terremoto; no tumbó edificios porque fue oscilatorio; sin embargo, la Iglesia recibió algunos daños; bien es cierto que ese Templo quedó en pésimas condiciones en temblores anteriores y además es de construcción antigua.
 
En todo el litoral de Puntarenas, se sintieron los movimientos sísmicos extraordinariamente fuertes; así como en el Naranjo, donde sufrieron desperfectos algunos edificios, y quedaron desplomados otros y se produjeron grietas en el Templo y en la capilla, en la que se abrió una pared dejando una grieta de dos pulgadas de luz; cayeron en el interior del Templo pesados repellos de mampostería estucada, que destrozaron los brazos de una magnífica imagen de San Juan; la imagen cayó del camerín en que se encontraba. En Poás, la Iglesia quedó agrietada; los cantineros tuvieron perjuicios por la botellería que cayó, destrozándose. En San Ramón, también se han descubierto daños en el hermoso y valiosísimo templo de aquella población, uno de los mejores de la república. Y, por lo demás, alarma general y pocos daños materiales en los otros pueblos costarricenses.

Las investigaciones del Observatorio Nacional indican una distancia aproximada al epicentro de 35 km por término medio, y solo falta para una determinación más exacta los datos de los señores telegrafistas, que por desgracia no han correspondido esta vez con un detalle aun cuando insignificante para ellos, pero de gran valor para este Centro. 

Etiquetas: , , ,

sábado, 11 de julio de 2015

EL TERREMOTO DE SARCHÍ, 6 DE JUNIO DE 1912, COSTA RICA (SEGUNDA PARTE: NARRACIONES)

EL TERREMOTO DE SARCHÍ, 6 DE JUNIO DE 1912, COSTA RICA (SEGUNDA PARTE: NARRACIONES)


Periódico La Información

Sr. Fernando Borges, Redactor de La Información

Con el propósito de informar gráficamente a nuestros lectores hice viaje a Sarchí, teatro de la catástrofe, por la vía de Atenas y Naranjo. La lluvia rigurosa, el mal estado del camino y los muchos derrumbes de este, me impidió llegar a Toro Amarillo, donde el desastre ha tenido su verdadero centro. Era de verse el afán y buena voluntad con que los campesinos de los alrededores marchaban llevando los pocos auxilios de que disponían, al lugar donde residen sus desgraciados hermanos.

Sarchí se extiende en una corta planicie entre Grecia y Naranjo. Las casas en general, son allí de madera y cubiertas de teja de barro. La iglesia de piedra de Pavas, rodeada de muros espesos de mampostería. Para conocer la violencia de la sacudida me bastó ver todos los techos deshechos. En algunas casas se nos mostró, como efecto del terremoto, la separación completa entre habitaciones que estaban contiguas, a causa de haberse roro las maderas que antes la unían. La Iglesia quedó con grandes hendiduras, a mi juicio inservible, y aunque no la hizo caer el terremoto si derribó parte de uno de los muros que cierran el cementerio. Cuando llegué ahí, todo el mundo estaba consternado; y las gentes, en grupos, hacían los comentarios más desconsolados acerca de la suerte de los montañeses. No se animaban los más a emprender la marcha a la montaña. Las señales dejadas por el terremoto son en verdad a propósito para inducir al espanto; hacia el lado del Poás, un túnel de unos 8 a 10 metros cuadrados, a través del cual aparece el cielo del otro lado del cerro; hacia el lado del volcán de Barba un acantilado a pico da idea del embate del temblor. Sobre todo eso, el comentario cada vez más documentado acerca de las desgracias ocurridas.

En la bajada del Río Grande encontramos grandes derrumbes y el camino obstruido por la gran avenida del río. Allí me salió al paso un grupo de campesinos que se ocupaban en buscar cadáveres de la catástrofe de Sarchí. Entre esos campesinos estaba Roberto Castro quién perdió a su esposa Clotilde Serrano de 19 años de edad y a las hijas de su primer matrimonio Casta y Gloria de 14 y 4 años respectivamente. Castro es un noble y simpático campesino de unos 40 años de edad y su afán es dar con los cadáveres de sus familiares, venía de Atenas donde fue llamado por haberse encontrado en Cebadilla, el cadáver de una joven que resultó ser el de la mayor de sus hijas.

Paso del río Sarchí


El río Sarchí corre por altos paredones y procede de vírgenes selvas que cubren las faldas de la cordillera del Poás. Por cierto que constituye una de las diversiones predilectas del campesino, la de ir a este río a ver bajar las crecientes. A corta distancia del camino, y bajando el río había un pequeño estribo plano, como de media manzana. A este plan no había llegado jamás la sacudida de un temblor; y siendo por lo demás un lugar fresco y fértil, fue escogido por el señor Roberto Castro para asiento de su habitación y establecimiento de un magnífico trapiche movido por agua. Puso allí, pues, su casa de madera, mirando al río y separado de él, por un patio. Al final de este un paredón de tres o cuatro metros de altura, bajaba derecho al cauce. Castro realizaba con su familia, un ejemplar de familias felices; de 40 a 45 años de edad, sano, robusto, trabajador, acomodado, se había casado por segunda vez hace cosa de tres meses, con la Sra. Clotilde Serrano de 19 años de edad, con la que vivía teniendo a su lado a los hijos del primer matrimonio; Casta, Gloria, Emma y Otoniel. En la sala de la casa existía una caja de hierro de cuatro quintales de peso, y encerrados en ella había ₡ 5 000 en efectivo, pagares a favor de Castro, y algunos otros valores de menor importancia.

Emma y Otoniel Castro

A un  lado de la casa, un trapiche con todos sus accesorios, montado a la moderna. La habitación almacenaba dulce en abundancia, destinado al comercio de granos y víveres diversos. A las siete de la noche, aquella familia rezaba la oración y se recogían todos en dormitorio común. Roberto Castro estaba muy temeroso de una catástrofe, especialmente desde que tuvo noticia de los horrores acaecidos el año próximo pasado en Toro Amarillo, paraje de allí no muy lejano. Quizás por esto, o quizás por aviso del corazón, ello es que tres veces se había despertado azorado creyendo escuchar una enorme creciente de agua que venía sobre la casa. Llegó a tanto el temor que le inspiraba esta catástrofe que imaginó el imposible de que la laguna fría del Poás se desbordara por el Sarchí con el peso enorme de sus aguas y su altura. Un día reciente le comunicó sus temores al señor Hermenegildo López, padre de su primera esposa, y este señor, le aconsejó que dejara la casa y se viniera a vivir a la suya, la cual, si no tan cómoda, estaba cuando menos a mayor altura y por lo mismo más distante del río. Este proyecto le pareció prudente; pero lo deshizo la negativa rotunda de su joven esposa, quién se hallaba segura y feliz en la propia y no quería, de fijo, trasladarse a vivir con parientes de la primera esposa de su marido.

Roberto y Clotilde Castro
Con Roberto Castro me vine hasta este pueblo y por el camino me contó la historia de la catástrofe. He aquí su relato:

“La noche del terremoto, después de rezar las acostumbradas oraciones, nos acostamos a las 7:00 p.m.; y a la media noche con 30 minutos sentimos el terremoto. Se encendió la vela de sebo. Todos nos alarmamos mucho, abandonamos el lecho y salimos al patio de la casa que dista 10 metros del río.

En ese momento sentimos un extraño y pavoroso ruido y mi esposa acompañada de Casta creyeron que se trataba de una gran creciente y se acercaron al río para verla bajar. En ese momento los ruidos eran muy horribles todavía y yo, comprendiendo que se trataba de un cataclismo les grité: Muchachas, corran a la casa, eso no es creciente, eso es algo peor. Ellas obedecieron y aterrorizadas llegaron a la casa quedando paradas en la puerta de la misma, dispuestas ya a sacar a la pequeña Gloria, que permanecía dormida, con propósito de huir. Yo continuaba en el patio y a mi lado estaban mis hijos Otoniel de 12 años y Emma de 8. En esos instantes sopló un terrible huracán que arrancó la casa con gran estrépito y la voló por los aires, y al tiempo que de nuevo violentamente se sacudía el suelo, bajó la cabeza de agua y un fuerte olor a azufre les quitó la respiración. Yo tomé a Otoniel y a Emma por los brazos y salí a escape con ellos, subimos los tres a una loma y desde la altura contemplé aterrorizado el cuadro más horrible que haya visto en mi vida; que el río se había convertido en un inmenso caudal de agua negra que cubría toda la rivera y que despedía un persistente olor a azufre. Todo había desaparecido, la casa, el cerco y los animales. Mis hijos estaban estrechamente abrazados conmigo y a pesar del ruido yo procuraba gritar llamando a mi esposa y a Casta a quienes comprendí que se las había tragado aquella creciente negra y pestilente. En la loma permanecimos toda la noche hasta que en la madrugada el frío nos hizo retirarnos hacia Sarchí.”

Dice Castro que en este instante una gran luminaria llenaba aquel abismo; un olor a espantoso e inaguantable les quitó la respiración; y como si el viento hubiese tenido unos fuertes puños, la casa fue arrojada a la hondonada con el plan de terreno donde se asentaba.

Lo que allí ocurrió fue inimaginable; y los mismos testigos del hecho lo único que recuerdan es que poseídos del pánico más espantoso siguieron corriendo hacia arriba a donde se salvaron. El agua alcanzó, según cálculos, que hice con el joven Biolley, a quién me encontré por allá, 42 m de altura en aquel sitio. Si la casa hubiera sido arrebatada por la corriente, ninguno de sus habitantes se salva; si hubiera caído por el huracán, los daños se verían en otros lugares también, aparte de que Castro y sus hijos, Otoniel y Emma, hubiesen tenido que ceder al embate del viento y caer ellos también. Lo más probable es, por consiguiente que el temblor desquiciara toda aquella especie de grada y que un nuevo movimiento, de los muchos que se sucedieron al temblor fuerte, o tal vez el impulso del agua, lograra arrancarla hacia el abismo.

La cruz (a lado izquierdo de la foto) señala el lugar donde estaba la casa de Roberto Castro.

En otro terraplén, también a orillas del Río y un poco más debajo de la casa de Castro, vivía David Ugalde y un pobre jornalero, con su esposa. Las casas estaban inmediatas y momentos después del temblor fuerte, Castro oyó que David le gritó desde la suya: Compadre, la cosa se pone fea; huyamos. El río formó en todo aquel trayecto grandes playones y arrastró los árboles de una y otra orilla, y conste que el Sarchí es tan profundo y encajonado como el Virilla. La creciente se llevó el hermoso puente de hierro y madera, y lo arrojó a unos kilómetros de distancia de allí.

La cruz (a la derecha de la foto) muestra la ubicación donde estaba la casa de David Ugalde 

Cuando llegué al lugar de la catástrofe, centenares de curiosos que habían concurrido de los pueblos vecinos, contemplaban desde las alturas los estragos del cataclismo. A esa hora, el paso por el río era todo punto imposible, y un joven de Grecia que cometió la imprudente empresa de atravesarlo a pie, hubiera perecido si no le arrojan una soga con la que se salvó.


Sarchí, 7 de Junio a las 7:00 p.m.

Acaba de llegar a esta ciudad, procedente de Toro Amarillo uno de los vecinos más importantes de esa localidad y dice que desde hace varios días se venían sintiendo temblores en aquella zona y que todos los vecinos vivían en constante alarma. La noche de la catástrofe el Poás hizo una imponentísima erupción de fuego. Se sintió un horroroso temblor, el movimiento nos botó al suelo, se produjo un espantoso ruido y salimos huyendo hacia las montañas. En las cercanías de mi casa fallecieron Jesús Esquivel, su esposa, dos hijos y una cuñada; Pantaléon Rodríguez, su esposa y dos hijos. No recuerdo los nombres de los demás muertos, pero creo que debe haber muchas víctimas. La casa y el aserradero de don Narciso Blanco fueron destruidos.

Sarchí, 7 de Junio a las 8:00 p.m.

Varias comisiones han salido para Toro Amarillo. Yo salgo esta noche, no obstante que hace un pésimo tiempo. Se sospecha que los sobrevivientes en aquella zona están careciendo de alimentos y se han refugiado en las montañas. Varias cuadrillas de peones se ocupan en limpiar el camino aterrado y se espera que mañana quedara expedito. El gobierno ha mandado tiendas de campaña para los damnificados. En uno de los cerros aislados al NE se nota una inmensa grieta y varios derrumbes de los cuales vierte agua en abundancia. Sigue temblando con alguna frecuencia; sin embargo, los temblores son de poca intensidad.

Estuve esta tarde en el lugar de la catástrofe en Sarchí, aquello da horror. Parece que una fuerza superior hubiera pasado arrastrándolo todo: los árboles, las casas, los animales y los hombres. He tomado muchas fotografías. No han aparecido todavía los cadáveres de David Ugalde y de su esposa.  Castro perdió ₡ 5000 en efectivo que tenía en una caja de hierro y la hacienda y sus dependencias que valían unos ₡ 20000 (veinte mil colones). La Municipalidad de Alajuela donó ₡ 500 para los damnificados, el pueblo se muestra agradecido. En el lugar de la catástrofe se encontraron ahogados dos bueyes uncidos al yugo. Se cree que el boyero pereció. Los ríos que crecieron en Toro Amarillo con el Gorrión, Los Anonos y el Desagüe: casi todas las familias que viven en esos lugares perecieron. El pueblo está consternado pensando en los trabajos y privaciones que están pasando los sobrevivientes.

Se oye en esto momentos otra fuerte creciente del Sarchí. El cura ha desaparecido presa de terrible pánico.

Esa misma noche dispuse marchar a Toro Amarillo. No habiéndome sido posible pasar de San Jerónimo, donde entre otras razones se me dijo que el camino estaba obstruido por los derrumbes y además inutilizado por las fuertes lluvias, regresé a Sarchí. Se me dijo que momentos antes había llegado de Toro Amarillo el señor Juan Pérez, con su familia, quién traía extensos y detallados informes de la magnitud del desastre en aquella zona; y a su casa de habitación me dirigí. Era la media noche y aquellas pobres gentes dormían Llamé a la puerta de la casa, y don Juan se levantó prontamente a recibirme. Con él celebré a esa hora una entrevista y me dijo más o menos lo siguiente:

“Entre el cráter viejo y el nuevo del volcán Poás y en las crestas de las montañas nacen varios ríos que van de Sur a Norte a caer en el Toro Amarillo; este nace también allí. Esos ríos que son los más importantes, se llaman; Anonos, Gorrión y Desagüe. Corren por una región fértil, honda y bastante poblada. Entre el río Toro Amarillo y Gorrión está un pequeño pueblo llamado “La Aldea”  y de allí y los alrededores contó una estadística recientemente levantada 60 alumnos de edad escolar, pues no hace muchos días elevamos los vecinos de aquellos caseríos un memorial al Gobierno para que establezca allí una escuela. Yo vivía en La Aldea y cuando sobrevino el terremoto, no miré el momento de retirarme de paraje tan peligroso. En medio de las sombras comencé a andar junto con mis familiares, haciéndolo con tales inconvenientes y dificultades que a cada paso nos asaltaba el desconcierto y nos proponíamos dejarnos perecer allí. Encontramos grietas tan ondas y anchas, que fue preciso salvarlas mediante travesaños hechos con palos. Además, como los ríos estaban tan crecidos y no daban vado, tuvimos que permanecer sin posible paso, conformándonos con esperar el día siguiente y escuchando los gritos de otros que, como nosotros, andaban vagando por los montes. Nosotros éramos mi padre, mi esposa, dos hijos pequeños y yo.”

El señor Juan Pérez y su familia, al regresar de Toro Amarillo.

Allí tuvimos noticias de 15 muertos en aquella región. Para mí, dado que las aguas se juntaron en abundancia tal que pudieron arrastrar y destruir la máquina de don Narciso Blanco, situadas en el ángulo que forma el río Desagüe al caer en Toro Amarillo; y sabido que hay multitud de viviendas, para mi digo, la inundación debe haber ocasionado daños muy grandes y perdida de muchas vidas de que no tenemos noticias todavía.

Casa de Narciso Blanco, antes del terremoto

Y dígame usted señor Pérez, ¿Fue tan fuerte como se dice el terremoto en aquella zona? Ave María, espantosamente fuerte. Le explicaré a usted. Hacía días venía temblando casi de hora en hora, pero la verdad es, que los tales temblorcillos no valían la pena. Mi familia y yo dormíamos la noche del terremoto, cuando fuimos despertados por un movimiento trepidatorio de bastante intensidad. Luego siguió uno, dos, tres, cuatro temblores débiles, que eran seguidos de fuertes rugidos. Llamé la atención de mi padre acerca de lo original de aquél fenómeno y él me dijo: es seguramente el Poás, que está inquieto. Me levanté y salí al patio de la casa a curiosear que había de nuevo en el cráter del volcán y nada de extraordinario pude observar. No llovía y la noche estaba bastante oscura. Me disponía a entrar a la casa cuando sobrevino el terremoto. ¡Dios mío!  Exclamé, ¿Qué es esto? Me tambaleaba como un ebrio; traté de ganar la puerta, pero no lo logré; la sacudida me arrojó al suelo. A todo esto, llegaban hasta mí los gritos desesperados de mi padre, esposa e hijos, que pedían auxilio. Una inmensa luminaria de bolas de fuego que arrojó en esos momentos el volcán, iluminó todo el valle, y de mí se apoderó un miedo espantoso, terrible, que me hizo pensar un instante en el fin del mundo; y en medio de aquella mi terrible agonía, baje la cabeza hasta pegarla a la tierra y encomendé mi alma a Dios.

La tierra crujía desesperadamente; las montañas se tambaleaban; los animales aullaban de modo pavoroso; fue aquel un momento tan horriblemente feo, que yo, francamente, creí  morir. Pasado el temblor, el volcán dejó de vomitar fuego y momentos después se me acercaron mi esposa, padre e hijos. ¡Huyamos! Les dije; tomé en brazos a uno de los pequeños, otro tomó mi padre y nos internamos en la montaña, y aquí nos tiene usted contando la historia por un milagro de la Virgen Santísima, a quién le pedí fervorosamente en lo más terrible de la catástrofe que me salvara con todos los míos. Y al terminar aquel buen campesino de hacerme la relación notamos que lloraba. ¿Por qué se aflige usted buen hombre?  Le preguntamos. Señor, porque en aquellas montañas tan atrozmente flageladas por la inclemente naturaleza, dejé el trabajo de muchos años, ¿Pero usted volverá allí? YO…..¡Nunca! Terrible ha sido la prueba, para regresar a aquellos lugares; que se pierdan en buena hora, casa, siembras, animales, en fin, todo, pero lo que soy yo, no volveré por allá. A eso de la una de la mañana nos despedimos del Sr. Juan y regresamos al pueblo, pues la casa de habitación de este señor, queda bastante lejos del centro.

No dormimos el resto de la noche. Hacía un frío que calaba los huesos. Con el señor telegrafista, muchacho la mar de bueno y condescendiente, pasé charlando de esa hora hasta las 5 de la mañana. Nos acercamos a una humilde posada, habitada por un venerable anciano, que por 35 años ha sido maestro de escuela de aquel pueblo, y le suplicamos que nos vendiera un poco de café. Gustoso accedió a nuestra súplica y momentos después calentábamos el estómago con una taza del aromático líquido, que nos supo a gloria. Mientras tanto, el anciano nos explicaba algunos episodios de los ocurridos en el pueblo la noche anterior, con motivo del terremoto.

Aquí en mi casa, dijo, he dado posada a una señorita de apellido Soto, vecina de Alajuela, que temporaba en una finca de las faldas del cerro Poás y cuenta horrores del terremoto. Que venga esa señorita, quiero hablar con ella, dije al simpático viejecito. Fue por ella y momentos después regresó con la señorita Soto, cuyo retrato publicamos. Nos dijo que en la finca donde ella pasaba una temporada, “Las Trojas”, fue tan violenta la sacudida, que volcó la casa de madera en que vivía; que por el cerró rodó un gran trecho hasta caer en un bajo donde fue recogida por el dueño de la finca y que de allí se trasladó al pueblo horrorizada por la catástrofe. Me habló espantada del terrible rugido subterráneo que siguió al temblor; del desbordamiento de pequeños riachuelos, por los que bajaron grandes crecientes y de las miles de calamidades que pasó esa noche por el camino para trasladarse a Sarchí. La señorita Soto se sentía ese día bastante enferma a consecuencia de las impresiones que recibiera aquella terrible noche.

La señorita Soto.

Abandoné Sarchí, con muchas dificultades pude pasar por el río donde ocurrió el desastre, empresa en la que tardé no menos de una hora. Allí encontré al señor Presidente de la República y su comitiva, que de paso para Toro Amarillo, visitó aquellos lugares para enterarse de la magnitud del desastre. Una de las primeras personas que se acercaron a saludar al Jefe de la Nación, fue don Roberto Castro, quién explicó detalladamente a don Ricardo como sobrevino la catástrofe en la que él perdió su esposa, hijos, casa y fortuna. El señor Presidente hizo presente a Castro sus condolencias más sinceras, se informó de las demás personas damnificadas y media hora después siguió para Sarchí.

La Colonia del Toro ha sido abandonada por sus habitantes hoy 9 de Junio. No queda en aquellos lugares una sola persona. La avalancha discurrió por los riachuelos Anonos, Gorrión y Agrio arrastrando árboles, lodo, piedras y todo lo que encontró a su paso; espesor de la avalancha más de 50 varas; ancho en parte, doscientas e hizo desaparecer cuatro casas de habitación y entre ellas la máquina de aserrar de Narciso Blanco. VICTIMAS 11:  Jesús Lobo Canaco, su esposa Celina Herrera  y dos niñitos; Antonio, Celia y su cañada Dorita Herrera; Celín Chavarría su esposa Ramona y su hija María; Victor Rodríguez. Se oyen sordos ruidos subterráneos y la tierra tiembla constantemente, motivo por el cual los habitantes han huido, así como la Comisión de Socorros que enviaron de Grecia. En este momento acaba de llegar la Comisión que de este lugar fue a prestar auxilios y todos vienen alarmados.

Casa típica del poblado de Toro Amarillo.

Anoche (8 de junio) regresaron a esta capital el señor Presidente de la República y los miembros de su comitiva sin haber llegado más que hasta Sarchí. Hicieron tentativa de seguir hasta Toro Amarillo pero los derrumbes del camino hicieron imposible la travesía. El señor Presidente viene profundamente impresionado de su excursión y de las patéticas escenas que presenció. Esperamos que la visita del señor Presidente redunde en beneficios de los damnificados.

Continúan llegando noticias desconsoladoras de la zona flagelada por los temblores. En las riberas del Río Grande, se encontró otro cadáver de un niño, arrojado allí por la corriente, victima seguramente del desastre en el río Sarchí. Pero ¿Quién era él, como se llamaba y sus padres quiénes son?, Un miembro de la familia de Roberto Castro no puede ser; este señor perdió dos hijas, Casta y Gloria y el cadáver encontrado pertenece al sexo masculino, no se puede identificar e inmediatamente se le dio sepultura. En consecuencia, hay que agregar una víctima más a la lista de las victimas ocasionadas por aquella terrible hecatombe.

Entierro de la niña Casta Castro.

Millones de peces muertos aparecen en El Colorado.

El Sub-Inspector de Hacienda del Colorado, puso un telegrama al Inspector General del ramo, informándole de una excursión que, en lacha de gasolina y por el río, hizo al muelle de Sarapiquí. Dice que las corrientes han arrojado a un lado y otro del río tal cantidad de peces muertos, que ocupa todos los guardas en sepultarlos para evitar una posible peste, que el envenenamiento del agua del río con sustancias minerales volcánicas es tal, que hasta los tiburones y otros peces muy grandes mueren; que el domingo último, bajó otra gran creciente de los ríos que nacen en las faldas del volcán Poás y que desaguan en el Sarapiquí y por último, que las aguas de aquel río despiden olores tan fétidos que a veces atolondra respirarlos.

Erupción Volcánica:


Liberia, 14 de junio de 1912. A las 8 a.m. de hoy se levantó una espesa y negra columna de humo del cráter del volcán Rincón de la Vieja. La columna fue en aumento dando al cielo un color amarillento. Hubo alarma en esta población.    

Etiquetas: , , , , ,